Orígenes internacionales del Primero de Mayo

La clase trabajadora, no tiene nada que perder más que sus cadenas. Tiene un mundo que ganar.


Desde una perspectiva marxista, el 1° de Mayo encarna la expresión política de una clase trabajadora que, en palabras de Marx, “no tiene nada que perder más que sus cadenas. Tiene un mundo que ganar.”

Aunque el origen más inmediato del Primero de Mayo se sitúa en las huelgas obreras de Chicago de 1886 y la represión brutal que siguió a la Revuelta de Haymarket en Estados Unidos, su adopción en Europa no fue un simple reflejo solidario, sino una expresión del creciente auge del movimiento obrero europeo en el último tercio del siglo XIX. La decisión de conmemorar esta fecha fue tomada por la Segunda Internacional en su Congreso de París en 1889, donde representantes de partidos socialistas, comunistas y sindicatos de numerosos países acordaron establecer el 1 de mayo como día internacional de lucha por la jornada laboral de ocho horas.

A finales del siglo XIX, Europa era un continente en ebullición. La Revolución Industrial había transformado radicalmente las estructuras económicas y sociales: millones de campesinos empobrecidos emigraban a las ciudades para trabajar en condiciones infrahumanas en fábricas, minas y talleres. Jornadas de trabajo de más de 14 horas, salarios de miseria, insalubridad y explotación infantil eran la norma.

En este contexto, las ideas de Marx y Engels, especialmente después de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista en 1848, comenzaron a calar en los sectores más combativos del proletariado europeo. Marx escribió: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.” Esta visión dialéctica de la historia encontró en el Primero de Mayo un vehículo de expresión práctica: una jornada para visibilizar la fuerza del proletariado organizado y su antagonismo con la burguesía.

Desde su institucionalización en 1890, el 1° de Mayo fue adoptado por amplios sectores del movimiento obrero europeo. En ciudades como Berlín, Viena, París, Londres, Madrid o Milán, cientos de miles de trabajadores comenzaron a organizar huelgas, marchas y manifestaciones.

El Primero de Mayo se ha constituido durante décadas en un día para exigir no sólo reformas laborales, sino también el fin del capitalismo y la construcción de una sociedad socialista.

Un día en el que no solamente debemos defender las consignas inmediatas y urgentes que los trabajadores del mundo demandan, sino también sostener el 1° de mayo como el día histórico de la clase trabajadora y la convicción de que aún sigue siendo necesaria la proclama: trabajadores de todos los países del mundo, ¡uníos!

Proletarios del mundo ¡uníos!

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