Sr. Director:
Lamento distraer su atención para referirme al artículo “WikiLeaks: ‘Bombita’ Rodríguez Lara nunca fue del agrado de Estados Unidos” que no sólo es bienintencionado, sino que muy esclarecedor, pero que se ve disminuido por varias imprecisiones.
Lo hago no para que se publique, sino porque creo que en asuntos de interés primordial para el país no debe permitirse las equivocaciones, por nobles que sean los propósitos que los animan, porque alimentan prejuicios muy perjudiciales.para la formación de una auténtica conciencia nacional.
El general Rodríguez Lara no gobernó desde 1974 sino desde febrero de 1972. El 1 de septiembre de 1975 hubo un intento de golpe de Estado encabezado por el general González Alvear de claro signo fascista, apoyado por la gran oligarquía criolla, el imperialismo yanqui e inclusive por la dictadura de Pinochet, que ensangrentó a las Fuerzas Armadas con tres centenares de víctimas.
Con la intentona se dio inicio al fin del Gobierno Nacionalista y Revolucionario que finalmente sería reemplazado por un Triunvirato que, paulatinamente daría fin a la corta era progresista y traspasaría el verdadero poder a la banca emergente, en medio de una creciente corrupción evidenciada en una famosa edición de la revista Nueva.
El gobierno del general “Bombita” se caracterizó por tratar de fortalecer el Estado, restando fuerza a las “satrapías” regionales que se habían edificado tras la economía primario-exportadora y que tenían como cabeza al potentado más rico del país, Luis Noboa Naranjo. Eso solamente podía alcanzarse mediante el fortalecimiento del sector estatal de la economía y cuyo eje vertebrador fue el nacionalismo petrolero.
De manera que la “cháchara” que algún autor de “izquierda” han hecho del traslado del primer barril de petróleo al Templete del Colegio Militar Eloy Alfaro más parece obedecer a la frustración de que su ancestro Velasco Ibarra fuera finalmente destituido de la política nacional, antes que a una serena evaluación del significado real que ese corto lapso de la vida nacional tuvo para el desarrollo del país y para la democratización de la sociedad. Pero, así es como se forman los prejuicios en la historia. Se le atribuyen rasgos de otras épocas y con ello se desacreditan las políticas que desagradan a las clases dominantes.
Casi me atrevo a asegurar que, si en el futuro la derecha volviera a gobernar, igualmente se volvería a decir que el gobierno de Correa fue oligárquico y represivo y que por eso las ONGs y ciertos “movimientos sociales” lo combatieron “heroicamente”, ocultando a los ojos de las nuevas generaciones todas las políticas de recuperación de la soberanía nacional y de redistribución más justa de la riqueza en medio de un terriblemente hostil escenario internacional.
Pero, ¿cuál es el problema de fondo?
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, el imperialismo aprendió la lección y trató de asegurar el dominio de su “patio trasero” imponiendo en América Latina su política de expolio mediante la Alianza para el Progreso y el establecimiento de gobierno afines a si fueran perversas dictaduras antipopulaqres y antinacionales.
Como reacción, los pueblos encontraron caminos de respuesta mediante la instauración de gobiernos nacionalistas: el del general Velasco Alvarado en Perú, El triunfo de la Unidad Popular y de Salvador Allende en Chile, el del general Juan José Torres en Bolivia, El de Rodríguez Lara en Ecuador, el de Omar Torrijos en Panamá, etc. Para afianzar esta oleada de cambios, todos esos gobiernos debieron apoyarse en el pueblo mediante políticas redistributivas y mediante el fortalecimiento del sector estatal de la economía pues que, en fin de fines, se trataba de recuperar el derecho a la autodeterminación de los pueblos.
Contra esos esfuerzos de recuperar la soberanía económica, política y social se alzó una furibunda conspiración encabezada por el imperialismo yanqui y sus aparatos de subversión, las oligarquías criollas pro yanquis que habían sido desplazadas del poder político y mermadas en su poder económico.
A ellos se sumaron grupos de ultraizquierda que creían que el triunfo estaba a la vuelta de la esquina y que bastaba un ligero movimiento insurreccional para implantar al socialismo puro.
A la final, quien salió ganando de toda esta batahola fue el capital monopolista que pudo imponer en toda América Latina el neoliberalismo, a veces con dictaduras terroristas y otras mediante duros gobiernos elegidos como el de Febres Cordero, ex empleado de Noboa Naranjo, con la subsecuente tragedia que esto significó para las grandes masas populares.
Como la historia tiene de repetirse “primero como tragedia y luego como farsa”, hoy en día estamos nuevamente ante escenarios políticos parecidos. De allí mi preocupación de que no se valoren adecuadamente los procesos históricos.
Atentamente
Vladimir Albornoz
Septiembre 2015

