¿Por qué seguimos siendo comunistas?

En el Ecuador, el anticomunismo ha estado presente en la historia política casi que de forma paralela al surgimiento de las primeras expresiones organizativas marxistas y la fundación del Partido Comunista a finales de los años 20, y ha servido como instrumento para justificar todo tipo de acciones en contra de las expresiones populares de lucha y resistencia contra el capitalismo.  En nuestro país, queda patente lo que ya Marx y Engels mencionaban en el Manifiesto Comunista: “No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo”.

 

En la actualidad la situación, aunque ha cambiado en sus argumentos, en su enfoque y objetivo se presenta de la misma forma, acusar de comunista a cualquier cosa que implique una mínima modificación del statu quo; por esa razón fue que la oligarquía ecuatoriana pretendió asociar el programa de la Revolución Ciudadana con el comunismo, aun cuando se conocía de las diferencias conceptuales y políticas, a pesar de las cuales las y los comunistas participábamos del proyecto político.

 

Actores dentro de la gestión gubernamental también recurrieron a la estrategia anticomunista para evidenciar presuntas “radicalidades” de las propuestas en defensa de la soberanía y los derechos de los sectores populares o la necesidad de garantizar el rol regulatorio del Estado, ejemplos claros de esto se presentarían cuando rechazamos la propuesta de Ley de Alianzas Público-Privada o la suscripción del Acuerdo Comercial con la Unión Europea.

 

Más aún, el monopolio mediático privado en contubernio con los actores políticos que hoy han emergido para “recuperar la senda democrática del país” pretenden asociar los planteamientos revolucionarios que originaron el gran pacto nacional suscrito en la Constitución de 2008 con los sonados casos de corrupción, dando así la imagen de que la izquierda –y muchos acentúan en esa afirmación el comunismo- y la corrupción son elementos indisociables.

 

Así, es claro que el anticomunismo ha servido para que, en su determinado momento, todos los otros partidos establezcan su política y retórica.  Tal como diría Neruda en su Trébol de cuatro hojas: “Ayer los comunistas eran acusados de explosivos, de extremistas, de fieras humanas. Hoy son acusados de reformistas, de pacatos, de prudentes. Son los mismos enemigos de ayer los que quieren detener el cauce organizado de la Revolución”. 

 

Para la derecha las y los comunistas somos su mayor enemigo en términos ideológicos, y no hay de que sorprenderse en ello, más lo que llama la atención es la furibunda atención con la que cierta izquierda amanece y anochece, pendientes de nuestras acciones, de nuestras decisiones, parecería que para estas organizaciones (colectivos o solo individuos que evocan la necesidad de organización), resultado del posmodernismo y posiciones liberal demócratas, que rezan a Marx la mejor forma de hacer la revolución es criticar al Partido Comunista, para así ser más revolucionarias(os) aún.

 

En definitiva: es difícil saber en qué variantes y con qué nuevos disparates el anticomunismo se presente en la política ecuatoriana, más de lo que sí podemos tener seguridad, es que este existirá en medida de que la posición política y la actitud moral del PCE, incluso con los errores y complicaciones de la política real, se mantenga firme en nuestra militancia y se exprese en la organización.  No en vano, las y los comunistas ecuatorianos este mayo festejamos el 92 aniversario de la fundación de nuestro Partido, la organización política más antigua del país en términos cronológicos, pero la más actual en relación a los objetivos de nuestra lucha.  Por ello, ser comunistas no solo es la denominación de una expresión política, resulta un acto de desafío permanente a la sociedad actual y una apuesta por lo que aún vale la pena pelear… la revolución.

 

Tal como Marx, a quien recordamos en su Bicentenario, y Engels dirían en el Manifiesto Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad.  Son todas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos”, razones más que suficientes para encontrar la vigencia de nuestro Partido y nuestro pensamiento.

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