El Gobierno Nacional ha develado su verdadero semblante. La socialcristianización de la política y la neoliberalización de la economía son las dos caras de la misma moneda.
La utilización de la violencia machista para legitimar actos xenófobos es parte del manejo de la opinión pública a la que pretenden distraer del proceso de aplicación de medidas antipopulares, para así justificar el fortalecimiento de los cuerpos de seguridad y evitar que la movilización social afecte en plan que el gobierno, la burguesía ecuatoriana, con el apoyo de EE. UU., pretenden implementar.
Necesitamos advertir que los sucesos de persecución y ataque a ciudadanos venezolanos son repudiables desde cualquier punto desde donde se mire, pero además son parte del repertorio de posicionamiento de expresiones neofascistas, en las que un sector de la población, lamentablemente, ha participado.
Vemos con vergüenza como María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán y Andrés Michelena han sido actores fundamentales para el estallido de la ola de violencia en Ibarra. Resulta ridículo afirmar que el Presidente Venezolano tiene un plan para enviar delincuentes al país. Vivimos una farsa, orquestada por el gobierno, que mientras nos habla de dialogo y libertad, sus prácticas demuestran indiferencia, autoritarismo y atentado a los derechos fundamentales de los habitantes del país.
Quieren crear la percepción de que la violencia machista es producto de la migración, cuando no pueden enfrentar el fenómeno estructural de la violencia patriarcal, que se profundiza cuando el financiamiento del programa de prevención ha sido reducido considerablemente, cuando son nulas de efectividad y carentes de voluntad política cualquier propuesta legal o de política pública al respecto.
A la población venezolana le extendemos nuestra profunda solidaridad y las disculpas a nombre de la mayoría de los ecuatorianos, que no nos representamos en lo sucedido y lo actuado. Apoyamos todas las muestras populares de rechazo a la violencia machista y a la xenofobia, y llamamos a fortalecer la unidad contra el neoliberalismo, que resulta el gran victorioso de la opresión y la explotación.
Somos un país de paz, pero también un pueblo digno y valiente, hoy debemos sumar nuestra acción para exigir respuestas claras y para defender la soberanía de la patria y de los cuerpos.


