Venezuela bajo asedio: la verdad detrás de la militarización del Caribe y la narrativa imperial

Mientras el pueblo venezolano libra una lucha por la soberanía, la paz y la autodeterminación, una nueva ofensiva imperialista amenaza con reeditar viejas formas de dominación. Bajo el pretexto de la “lucha contra el narcotráfico”, Estados Unidos y sus aliados han desplegado buques militares, submarinos nucleares y estructuras de guerra en el Caribe, activando una peligrosa escalada de tensiones que podría arrastrar a la región y al mundo a un conflicto de grandes proporciones.

La gran mentira del narcotráfico

La narrativa que justifica esta intervención militar descansa en una acusación tan repetida como infundada: la supuesta vinculación del Estado venezolano con el narcotráfico. Sin embargo, informes oficiales de la ONU, de la DEA y de la Agencia Europea Antidrogas desmienten categóricamente esta afirmación. Venezuela no es un país productor ni un corredor principal de tránsito de drogas. Según los datos, menos del 5% de la droga latinoamericana transita por territorio venezolano, mientras que el 87% lo hace por la costa pacífica de Colombia y Ecuador.

Esto plantea una pregunta elemental pero contundente: ¿por qué entonces Estados Unidos despliega su maquinaria bélica en el Caribe venezolano y no en el Pacífico donde se concentra el verdadero flujo del narcotráfico?

La respuesta es clara: el combate a las drogas es solo una excusa. El objetivo real es geopolítico: controlar el petróleo, los minerales estratégicos y los territorios soberanos de Venezuela, como lo demuestra el renovado interés en el territorio Esequibo, rico en hidrocarburos.

La historia se repite: del bloqueo de 1902 al asedio del siglo XXI

No es la primera vez que Venezuela enfrenta un ataque de estas características. En 1902, potencias europeas como Reino Unido, Alemania y Francia impusieron un bloqueo naval para castigar al país por negarse a someterse a dictámenes arbitrarios. Lo mismo intentaron en 1999 pretendiendo usar la “ayuda humanitaria” como caballo de Troya para introducir tropas en suelo venezolano.

Hoy, con otras formas, el imperialismo revive sus viejos métodos. Bajo órdenes secretas del Pentágono, el gobierno estadounidense ha autorizado operaciones extraterritoriales para justificar una posible intervención militar. A esto se suma el aumento de recompensas contra líderes venezolanos y el mismo presidente Maduro, la fabricación de leyendas como el Cartel de los Soles, todo como parte de una estrategia de guerra híbrida.

Los verdaderos narcos: ¿quién compra, quién distribuye, quién consume?

Estados Unidos es, sin discusión, el mayor consumidor de drogas del planeta. Mientras tanto, las principales rutas del narcotráfico y los grandes carteles operan con complicidad o indiferencia en países aliados del imperio. ¿Dónde están las operaciones militares en suelo estadounidense para combatir el consumo masivo de fentanilo, heroína y cocaína? La respuesta, otra vez, es clara: la guerra contra las drogas ha sido siempre una fachada para imponer agendas geopolíticas, como lo fue en Afganistán, como lo fue en América Central, como lo fue en Colombia. Hoy, Venezuela es el blanco.

Un pueblo movilizado, un Estado soberano

Ante esta amenaza, el pueblo venezolano no se doblega. Millones de ciudadanos y ciudadanas se han movilizado en jornadas de alistamiento cívico-militar. Las milicias populares se preparan, el gobierno ha denunciado formalmente ante la ONU la violación del Tratado de Tlatelolco y la Proclama de América Latina como Zona de Paz (CELAC, 2014). Venezuela, una vez más, responde con dignidad y organización.

Además, se ha instalado con Colombia una zona de paz binacional para frenar las mafias trasnacionales que pretenden utilizar la frontera como corredor del crimen. A diferencia de quienes siembran guerra, Venezuela construye soberanía con paz, y la defiende con firmeza.

Una convocatoria internacional: Venezuela no está sola.

La comunidad internacional tiene ante sí un desafío moral y político: denunciar la mentira, frenar la agresión y solidarizarse con el pueblo venezolano. Este sábado, movimientos sociales, partidos políticos y organizaciones de derechos humanos de más de 70 países se movilizarán en plazas, embajadas y calles del mundo bajo una consigna clara: ¡Venezuela no es una amenaza, es una esperanza!

Hoy más que nunca, cuando la maquinaria mediática imperial busca silenciar las voces que resisten, es hora de alzar la voz y recordar que la paz, la soberanía y la autodeterminación no se negocian.

Desde el Partido Comunista Ecuatoriano expresamos nuestra solidaridad y nuestro firme compromiso para responder en unidad e internacionalismo a esta amenaza imperial; nuestra patria es américa.

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