El mundo se encuentra en un acelerado proceso a nivel de bloques regionales y globales. La degradación de la hegemonía americana, paradójicamente producto subsidiario de su política global post caída del campo socialista, ha encontrado un catalizador en el conflicto generado con Irán en las últimas semanas. Mientras la soberbia militar americana y sionista concebían una campaña relativamente rápida, la resistencia iraní ha puesto sus intereses en jaque, mientras se da una guerra asimétrica en la región. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo en todo el mundo, por cuanto la circulación petrolera de Medio Oriente se encuentra parada, lo que encarece el precio de la gran mayoría de productos derivados y de casi todas las mercancías que dependen del transporte, logística, etc.
Esta crisis generada también se ve reflejada en la depreciación del dólar, pues Irán ha establecido que pueden circular barcos que paguen el pase en otras monedas (yuanes, sobre todo), afectando directamente al dólar, su poder adquisitivo y su rol como moneda de cambio en el mundo. En EEUU el esfuerzo bélico se traduce en un aumento de la inflación, marcada por la depreciación de su moneda, y en un estancamiento en el consumo interno. Lo mencionado se traduce en que la producción interna se encuentra con un problema de proyección (aunque suena paradójico en el país del libre mercado), pues hay excedentes por sobreproducción que no son asimilados por su mercado interno, cuyos ciudadanos pierden poder adquisitivo.
Un reflejo directo de esta nueva realidad lo encontramos en la baja de las remesas que ingresan al Ecuador, que según diversas fuentes marcan una tendencia de caída del 4,6 % (dato de marzo de 2026), que sin duda puede aumentar mientras el conflicto con Irán termine estancado en una guerra de resistencia prolongada, como lo concibe la Guardia Revolucionaria iraní.
La estanflación (es decir, inflación junto a decrecimiento económico) marca el ritmo del desarrollo del capital, que requiere mantenerse en movimiento para “vivir”. Las contracciones del mercado global desgarran el corazón del sistema; la crisis se presenta en multinivel y, bajo este escenario, los países dependientes tanto del dólar como de los capitales monopólicos americanos nos encontramos ante un panorama desolador. Al no tener moneda propia, el Ecuador absorbe parte de la crisis económica que se desarrolla en los Estados Unidos, el dólar importa la depreciación adquisitiva frente a las monedas regionales; el Banco Central del Ecuador no puede devaluar, por lo que la inflación contagiada se dispara. La vida se encarece, el dinero deja de alcanzar y toda la economía se estanca; la crisis económica es el puntal que amenaza con ceder y desencadenar la crisis política generalizada u orgánica (la cual, según lo hemos sostenido hasta ahora, aún no se configura como tal).
Los movimientos políticos de la oligarquía monopolista dependiente, es decir, el Grupo Noboa al frente del país, evidencian que el imperio se encuentra asfixiado, necesita exportar sus mercancías y venderlas en mercados menos desarrollados para salvaguardar en algo la extracción de plusvalor que lo sostiene. La firma del “Acuerdo Recíproco de Comercialización” (ARC) es resultado del movimiento comercial, político y militar de la nueva doctrina americana, y también de la necesidad de controlar los territorios de la “Gran América del Norte”, conforme definen ahora los funcionarios de guerra yankees a Ecuador.
Contrario a los intereses productivos nacionales, y en línea con toda la política entreguista y de ruptura de todo orden constitucional y político que interfiera con la agenda americana que propugna Noboa, el acuerdo somete completamente la soberanía comercial del país, obligando a abrir nuestro mercado de consumo interno a productos alimenticios, a intereses financieros y agrícolas, mientras el país “gana” el perdón del emperador Trump frente a la lista de aranceles que levantó hace unos meses.
Este flujo de mercancías excedentes, principalmente en forma de alimentos (que, recalcamos, producimos nacionalmente), pese a ingresar con beneficios tributarios preferenciales, está siendo afectado por la crisis importada del dólar, que se suma a la crisis local producida por casi 10 años de neoliberalismo rapaz. Es decir, que ni abriendo de puerta en puerta el mercado local a los productos gringos son “competitivos” debido a condiciones estructurales críticas. Por esa razón, lo que oficialmente se comunicó como una aclaración tributaria, respecto a los alimentos que gravan IVA, resulta un movimiento desesperado, ordenado desde el norte, para balancear la situación e incentivar al consumidor local a que compre las mercancías importadas.
Estas medidas evidencian el nivel de sometimiento del gobierno ecuatoriano a la agenda e intereses estadounidenses, pero no es solo a nivel gubernamental el problema, sino de la estructura o forma de desarrollo de las fuerzas productivas que tiene el Ecuador. El capitalismo en nuestro país se configura como monopólico dependiente; las clases dominantes locales (divididas en grupos oligárquicos) históricamente siempre se han subyugado, muchas veces en completo detrimento de cualquier atisbo de interés nacional, soberano y/o independiente.
La política aplicada por Noboa en estos momentos encauza al país en un camino de agudización de las contradicciones internas. Si bien el grupo oligárquico gobernante mantiene una alta capacidad de maniobra, es decir, consolida aún la hegemonía de su proyecto político, las exigencias de la acelerada crisis internacional -la contradicción externa- actúan sobre la coyuntura interna y estimulan que las fichas y los actores políticos se reacomoden, entre ellos los otros grupos oligárquicos que aspiran a ser los ungidos por el imperio para administrar sus intereses de manera local. Este escenario podría llegar a modificar la correlación de fuerzas en lo inmediato, el desarrollo de una crisis externa e interna podría abrir varias salidas políticas. Sin duda, desde la izquierda revolucionaria debemos, en este momento, buscar que dicha salida suponga la defensa de la Constitución, la soberanía y la independencia.





