CONSIDERACIONES PARA FORJAR LA UNIDAD

En días recientes se escuchó el llamado a la unidad de un actor político que en su momento fue capaz de aglutinar diversas organizaciones políticas, partidos y movimientos sociales, en una propuesta que recogía las luchas populares históricas, impulsadas por las fuerzas de la izquierda ecuatoriana.  Si bien no se puede así nada más replicar los hechos y las condiciones de ese pasado de unidad, y algunos actores políticos han sufrido una metamorfosis políticamente regresiva, si es necesario traer a la mente las lecciones de aquello y poner en la discusión las necesidades del presente.

El adversario común

La unidad se constituyó y se debe constituir frente a un adversario político común.  Seamos claros, ese adversario es la derecha política y el régimen social y económico que preconiza como único posible.  Seamos también claros, en que la derecha política la componen los grandes propietarios, grupos de poder económico y sus ideólogos, que defienden un mercado todopoderoso, que es capaz de modelar a sus clientes, invalidando la soberanía del consumidor; y, defendiendo una libre competencia que oculta el poderío del gran capital.  Todo lo cual impide que la distribución de la riqueza y el goce de la producción respondan a criterios de justicia y desarrollo humano.  Lo que sí han logrado es convencer a gran parte de la población de que tal situación es la mejor que podemos alcanzar, y hoy, bajo tal consigna, tienen en la presidencia de la República a su representante.

La amplitud de la unidad supera efectivamente a militantes políticos, al dirigente, al ideólogo de izquierda, y busca juntar a las y los trabajadores dependientes del gran empresariado, a los pequeños propietarios de negocios de subsistencia, a emprendedores y dueños de MYPIMES, profesionales independientes, y un largo etcétera.  Es así como se define el carácter popular de la unidad y no de exclusividad de las élites económicas y sus representantes.

Por tanto, no es aceptable hablar de reunir así por así en una “gran alianza patriótica” a la derecha y a la izquierda, bajo la consigna falsamente desideologizante de los intereses comunes.  Solo imaginemos a un líder socialcristiano fingiendo compartir intereses con mamá Tránsito.

La izquierda

Hablar de izquierda es hablar de propuestas de transformación social para que quienes realmente crean valor y producen la riqueza nacional (trabajadoras y trabajadores), puedan gozar de ella con justicia; para que las taras discriminatorias, útiles al capitalismo, sean erradicadas de la conciencia de las personas.  La oposición de esta tesis a las que defienden los sectores que concentran riqueza y hacen todo para mantener el funcionamiento de la sociedad a su favor, marca la diferencia sustancial entre esos dos conceptos.  Izquierda y derecha no son por tanto conceptos anacrónicos ni obsoletos.  No son conceptos que dividen y polarizan la sociedad; son conceptos que la reflejan, pues la polarización ya existe. La preocupación de la derecha es que esa polarización se mantenga bajo control y “en paz”.

Entonces, no debemos dudar que el gran frente de unidad debe ser de izquierda, con los matices que hoy en día ha llegado a cobijar, pero con la idea clara de que existe el adversario común.

El frente de frentes para superar las contradicciones inmediatas

Procesar las diferencias históricas, ideológicas, prácticas entre las organizaciones identificadas con la izquierda política, no ha sido nunca fácil, pero ha sido posible.  La historia lo demuestra.

Para tal propósito, el reconocer a las y los interlocutores en los espacios de discusión y coordinación es válido, pero tanto más lo es la de necesidad de despersonalizar a las organizaciones.  Esto exige de las organizaciones participantes auténticos ejercicios democráticos internos y no confundir al individuo con la organización.  Esta es una condición ideal para esperar lo mismo en el espacio de unidad.

Ya en lo práctico, la confluencia de organizaciones en varios frentes de unidad puede significar un camino adecuado para llegar al frente de frentes, capaz de procesar las mayores diferencias y capaz de alcanzar los mínimos acuerdos; capaz de generar una suerte de identidad diversa, pero consistente, que proyecte al frente de frentes más allá de los procesos electorales, hacia la sustentación de cambios sociales a largo plazo.

Programa mínimo

La unidad debe contar con un programa mínimo, está clarísimo.  Su construcción y aprobación por las fuerzas de la unidad deberá tener un proceso amplio, pero ágil de discusión.  Insumos no faltan para ese proceso.

Lo central del programa es que no puede dejar dudas de los intereses que debe representar; que no puede ser un programa conservador, impregnado de la ambigüedad de un progresismo “cualquier cosa”.  Ese programa deberá ser la base de la más difícil de las luchas del tiempo actual: la lucha ideológica, la lucha por desmontar la divinidad del mercado capitalista y de su tesis de moda.

Ciertamente, avancemos a la unidad, sin descalificar al diferente y mirando fijamente al adversario común.

Organización para luchar, unidad para vencer.

COMITÉ EJECUTIVO

PARTIDO COMUNISTA ECUATORIANO

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