Noboa, títere del sionismo internacional

La reciente decisión del gobierno Noboa de retirar al Ecuador del Comité de la ONU para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino constituye un hecho político de profunda relevancia geopolítica y simbólica. Esta determinación es una señal clara del alineamiento del Estado ecuatoriano con la agenda estratégica promovida por Israel y respaldada por el sistema de alianzas del Estados Unidos en el escenario internacional.

Desde una perspectiva filosófico-política, la cuestión palestina representa uno de los núcleos éticos fundamentales del debate contemporáneo sobre la autodeterminación de los pueblos y el derecho internacional. La permanencia de la ocupación militar en territorios palestinos y la negación sistemática de sus derechos nacionales han sido objeto de numerosas resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, que han reconocido el carácter inalienable de los derechos del pueblo palestino. En este sentido, el comité del cual Ecuador ha decidido retirarse constituye precisamente uno de los espacios multilaterales creados para preservar la memoria jurídica y política de esa causa.

El abandono de este organismo por parte del gobierno ecuatoriano expresa una ruptura con una tradición diplomática latinoamericana que históricamente defendió el principio de autodeterminación y la solución pacífica de los conflictos internacionales. Más aún, evidencia una reconfiguración ideológica de la política exterior ecuatoriana que privilegia la subordinación a bloques de poder global antes que la defensa de principios universales de justicia internacional.

En el plano geopolítico, esta decisión debe interpretarse en el contexto de la creciente articulación de gobiernos conservadores con el llamado eje estratégico entre Washington y Tel Aviv. En este marco, la cuestión palestina ha sido progresivamente desplazada de la agenda diplomática de varios países periféricos mediante mecanismos de presión política, cooperación militar y acuerdos tecnológicos. El retiro de Ecuador del comité de la ONU refleja precisamente este proceso de reacomodo internacional, en el cual la política exterior deja de responder a criterios de soberanía nacional para integrarse a dispositivos de alineamiento global.

Desde una perspectiva crítica, este giro revela una paradoja fundamental del orden internacional contemporáneo: mientras los discursos oficiales invocan la defensa de la democracia y los derechos humanos, se debilitan simultáneamente los mecanismos institucionales que buscan garantizar esos mismos principios para pueblos sometidos a condiciones de ocupación y colonización.

Así, la decisión del gobierno ecuatoriano no solo tiene implicaciones diplomáticas inmediatas, sino que también interpela la coherencia ética de su política exterior. En un mundo marcado por profundas tensiones geopolíticas, el abandono de espacios multilaterales dedicados a la defensa de derechos inalienables contribuye a erosionar el frágil entramado normativo que sostiene el derecho internacional y la aspiración universal de justicia entre los pueblos.

Es por ello que, desde las organizaciones sociales y políticas es preciso redoblar los esfuerzos en favor de la causa palestina y contra el sionismo que ha devenido en una amenaza para los pueblos.

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