¿Vender Sopladora? Un atentado a la Soberanía Energética!

Corría el año 1961 cuando el espíritu visionario del Ing. Daniel Palacios Izquierdo ubicó con precisión el lugar donde debería construirse una central hidroeléctrica que garantice la energía necesaria para el desarrollo industrial, no solo de la Provincia del Azuay, sino del Austro ecuatoriano en su conjunto. Se trataba indudablemente de un momento histórico que marcaría el desarrollo de la región y de afianzar a Cuenca como el tercer polo del desarrollo nacional. El CREA, la Llantera, la fábrica de cemento Guapán, se convirtieron en los referentes de ese anhelo regional que, de hecho, insidió también en el acontecer político ciudadano. No es aventurado afirmar que esta idea llevó al gobierno triunfante en las elecciones del año 60 a crear el Instituto Ecuatoriano de Electricidad –INECEL-, pues hasta entonces las plantas generadoras de energía eléctrica estaban en manos privadas nacionales y extranjeras.

Pese a la inestabilidad política, marcada a nivel continental por las tensas relaciones cubano-norteamericanas –el derrocamiento de Carlos Julio Arosemena y la instauración de la dictadura militar- en 1964 se contrataron ya los estudios para el Proyecto de la Cola de San Pablo; sin embargo, debieron transcurrir 12 años, con el gobierno de Rodríguez Lara de por medio, para la firma de los contratos de construcción de la Central Paute.

La hidroeléctrica de la Cola de San Pablo, la central más grande del Ecuador, entró en operación en 1983 –en su primera fase- y luego se complementó en 1991. Marzo de 2005 marcaría el reinicio de las obras con la construcción de la Presa y Central Mazar, de vital importancia para la sostenibilidad integral del Proyecto por cuanto esta fase incluye un gran embalse para una mayor regulación del caudal del río Paute, incrementa la energía firme en la central Molino, retiene los materiales sólidos que arrastra el río, contribuyendo a la continuidad operativa del embalse Amaluza. La Central Mazar entró en funcionamiento en diciembre de 2010. Correspondería ya al actual Gobierno la responsabilidad de la construcción de la Central Sopladora, cuya puesta en funcionamiento fue anunciada auspiciosamente hace pocas semanas, señalándose que el cambio de matriz energética se hacía realidad en el Ecuador. Queda entonces por concretarse la cuarta y última etapa del gran Complejo Hidroeléctrico PAUTE INTEGRAL con su aporte de 2.353 MW de ‘Energía para el Desarrollo’. De hecho, la Presa Cardenillo y la Central Cardenillo, cuentan ya con los Estudios y Diseños Definitivos para la licitación de la construcción del proyecto.

Han transcurrido 55 años desde aquel sueño visionario del Ing. Palacios. Para quienes hemos seguido vigilantes de los vaivenes que se han dado a lo largo del tiempo, el constatar que el gran proyecto hidroeléctrico está a punto de su concreción definitiva, es motivo de satisfacción y orgullo, de triunfo, más aún cuando tenemos la convicción de que asistimos a un ‘cambio de época’ y nos reconocemos partidarios de la Revolución Ciudadana. Estamos plenamente consientes de la dolorosa tragedia –el terremoto del 16 de abril- que afecta al pueblo ecuatoriano, pero nos resistimos a aceptar que parte de la solución para superar esta coyuntura particular sea la venta de parte del patrimonio energético del pueblo ecuatoriano. Durante la última década hemos compartido la visión sobre el cambio revolucionario, con la certeza de que el principal eje que sustenta el ‘cambio de matriz productiva’, es el ‘cambio de matriz energética’, como garantía también de la soberanía nacional, que nos libere de la dependencia del poder económico nacional e internacional, y como aporte ecuatoriano a la protección del medio ambiente y de respeto a la Pacha Mama.

Tenemos la convicción aún de que el anuncio de venta de la Central Sopladora fue un lapsus no feliz en medio del dolor que nos aflige a la gran mayoría de ecuatorianos. Son innumerables los argumentos que nos impiden aceptar que esa sea la solución; pero quiero señalar solamente la siguiente: El Complejo Hidroeléctrico PAUTE INTEGRAL lo configuran 4 partes, una de ellas –inseparable- la Central Sopladora que, dentro de lo emblemático que es en sí el Proyecto, puede decirse que es la ‘perla de la corona’, por dos razones: primera, no requiere de presa por cuanto funciona gracias a la captación de los caudales turbinados directamente de los dos canales de descarga de la central Molino; segunda, el 28 de diciembre de 2012 obtuvo la certificación de bonos de reducción de emisiones, bajo el marco del tratado de Kioto, los mismos que pueden ser comercializados en el mercado internacional y así cofinanciar el propio proyecto y su gestión socio ambiental.

En aras, simplemente, de graficar la situación, permítame amigo lector presentarle la siguiente imagen: ¿en momento de urgencia económica vendería usted la sala de su departamento, incluido el retrato de sus abuelitos? Si eso fuese posible, quien compre, pagará ‘a precio de gallina con mal’ –sabiduría popular-!

c. Galo Gallegos H.

Partido Comunista Ecuatoriano

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