El 2017 se cumple el Centenario de la Revolución de Octubre, el 25 de octubre según el calendario Juliano (que regía en Rusia en esa época) o el 7 de noviembre según el calendario gregoriano. En esta fecha se llegaba a la explosión de la Revolución Rusa, que había iniciado en febrero del mismo tras derrocar el régimen zarista e instaurar un gobierno provisional.
La Primera Guerra Mundial y el régimen del Zar Nicolás II tenía al pueblo ruso, en especial al campesinado, en condiciones críticas, sin las tierras suficientes y con obreros con salarios muy bajos que no permitían alimentar a sus familias. Ante esto, la organización de los soviets, consejos de trabajadores, bajo el mando de Lenin, con el lema “Pan, tierras y paz” llevó a la insurrección de los soviets y la caída del régimen zarista.
Entre marzo y octubre de 2017 se sucedieron una serie de acontecimientos que fueron mal manejados por el Gobierno Provisional, en una Rusia de postguerra en la que se generaron motines, huelgas y constantes protestas, encontrándose una coyuntura en la que por una parte el Gobierno tenía el poder del Estado, un poder legal, y por otro los Soviets, liderados por los socialistas que tenían el poder real, el del pueblo, con el apoyo de las clases bajas y la izquierda política.
Cuando el gobierno provisional de Kerensky decidió continuar la guerra con Alemania, los bolcheviques intentaron poner fin al conflicto y se creó la Guardia Roja (posteriormente Ejército Rojo). Se desencadenó una intensa campaña de propaganda, enfocada en las clases más desfavorecidas de rechazo a la posición del gobierno, a la falta de reformas gubernamentales que llevó finalmente a la insurrección de los soviets poniendo fin al gobierno de Kerensky.
Lenin, en días anteriores, escribía al Comité Central del Partido sobre la importancia de entregar el poder a los trabajadores y la inminente caída del Gobierno Provisional a manos de una revolución que sólo podía llevarse a cabo por la vía armada.
“El paso del poder a los soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada: renunciar a la insurrección armada equivaldría a renunciar a la consigna más importante del bolchevismo: “Todo el poder para los soviets”, y a todo internacionalismo proletario-revolucionario en general. Pero la insurrección armada es un aspecto especial de la lucha política sometido a las leyes especiales, que deben ser profundamente analizadas (…). Formar con los mejores elementos obreros destacamentos armados de fusiles y bombas de mano para atacar y cercar los centros del enemigo (escuelas militares, centrales de telégrafos y teléfonos, etc.). La Consigna de estos elementos debe ser: “Antes perecer todos que dejar pasar al enemigo”. El triunfo de la revolución rusa y de la revolución mundial depende de dos o tres días de lucha.” (Lenin, 8 de octubre de 1917).
El triunfo de los Soviets, de los soldados y del Partido Bolchevique se consumó tras el Asalto al Palacio de Invierno, en San Petersburgo. Siguiendo la estrategia de Lenin para el triunfo, la noche anterior los Soviets se habían apoderado de los puntos estratégicos de la capital rusa, como la central telefónica, estaciones de ferrocarril, edificios oficiales, etc.
La Revolución de Octubre, también conocida como la Revolución Bolchevique y la Revolución Socialista de Octubre, consolida la Revolución Rusa. Tras la victoria revolucionaria se constituyó un Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin que sustituyó al gobierno derrocado. En Congreso de los Soviets aprobó la paz y se suspendió unilateralmente la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial y propuso a Alemania un tratado bilateral.
Posteriormente se promulgaron diversos decretos que cambiaron el régimen económico, político y social. Lenin abolió, además, la diplomacia secreta, así como la las grandes propiedades de tierra. En su primera aparición pública declaró: “Vamos a proceder a la construcción del orden socialista”
En 1922, tras la guerra civil (1917 -1923), se fundó la Unión Soviética y el nuevo Estado Socialista.





