Posición ante la segunda vuelta y unidad

En época electoral se suponen lógicos los puntos comunes que deberían encontrar las fuerzas de unos u otros sectores de la política para enfrentar en unidad la contienda de marketing que representan las elecciones en el sistema burgués, y, ni es tan lógico ni tan sencillo encontrar puntos comunes; primero porque no todas las fuerzas políticas poseen la herramienta electoral para participar de elecciones dado que inscribir un movimiento nacional en el sistema electoral cuesta algunos cientos de miles de dólares, lo cual hace que solamente los intereses y chequeras con financiamientos de la burguesía puedan crear y sostener organizaciones fantasmas para sus fines electorales, y segundo, porque las organizaciones políticas carecen de programas claros de gobierno.

¿Quiénes financian las campañas electorales? Ahora nos quieren hacer creer que es el Estado, pero la verdad es que existen grandes chequeras que deciden invertir en las campañas y que, por ende, condicionan de manera previa a los candidatos; ese condicionamiento de facto o de convicción, es lo que, lamentablemente, define las líneas de acción de quienes ejercen el poder.

La derecha se autofinancia con sus bancos o empresas, y los otros, reciben los aportes de los grupos políticos y económicos para los cuales gobernarán preferentemente. Es por eso que en el progresismo no encontramos tesis revolucionarias, ni una propuesta para cambiar el estado de las cosas de manera drástica a favor del pueblo. Sin embargo, si es cierto que el planteamiento de este último grupo se orienta a una administración más eficiente del Estado en la cual se reconoce su rol en la planificación, la producción, la redistribución de la riqueza y la prestación de servicios y, por ello, es que ante la dicotomía electoral de que gane la burguesía oligárquica, agroexportadora y pro imperialista representada por Daniel Noboa o, que gane un proyecto nacional democrático, no neoliberal, representa para el Ecuador una decisión muy significativa no solo en materia de derechos, sino en la posibilidad de contar con un Estado que sea capaz de atender las necesidades urgentes de la población y generar mejores condiciones de equidad para el ejercicio de los derechos.

La historia del Ecuador ha dejado claro que el progresismo tiene limitaciones en su capacidad transformadora y que sus gobiernos al renunciar al fin revolucionario han engendrado los mismos sectores sociales reaccionarios que votan luego por la derecha, pues en la batalla ideológica, la hegemonía del sistema ha triunfado sobre esas mentes. Lo peor de todo es que a nombre del progresismo han pretendido absorber a toda la izquierda desplazando de la opinión y las opciones electorales a propuestas revolucionarias, con ello han generado intencionalmente la dicotomía correísmo o anti correísmo, pero por fin en estas elecciones se ha roto ese espectro cuando la izquierda asumió un candidato y programa radical y alcanzó casi el 6% de los votos.

Esos votos de la izquierda hoy son fundamentales para ganar las elecciones y por ello no dudamos en optar por respaldar la opción electoral del progresismo, pero lo hacemos a sabiendas de que existen batallas que solo las podremos ganar desde la movilización popular y con la calle como trinchera.

Al día de hoy, Luisa Gonzales y Daniel Noboa coinciden, por ejemplo, en generar cambios en la constitución, la primera habla de una re constituyente y el segundo de una asamblea constituyente; re institucionalización dice la primera, agenda neoliberal se esconde en el segundo; más el riesgo de sustituir la Carta Magna por una herramienta liberalizadora, débil en soberanía, privatizadora y de consolidación del modelo capitalista, es el mismo en los dos casos. La posición de la izquierda debe ser clara y tajante: Defender la constitución es defender los derechos conquistados y el riesgo de un proceso de tal carácter no puede estar en una agenda política de mínimos.

Nuestra unidad entonces es con el pueblo y en la calle, con los movimientos sociales y con la izquierda en base a nuestro programa y plataforma de lucha; convocamos a un pacto político con el progresismo que sea capaz de repotenciar al Estado, atender las necesidades del pueblo y avanzar en las demandas más urgentes de la sociedad sobre todo en lo referente a la generación de oportunidades para los sectores más desposeídos y el cuidado de nuestra niñez para que crezca con oportunidades, sin violencia y sin discriminación.

El pacto político empieza por reconocernos diferentes, por sumar en las coincidencias y abordar con frontalidad las discrepancias, por fortalecer una democracia plena con alta participación popular en donde el mandato del pueblo sea el que oriente y donde las chequeras e intereses de “los políticos” se allanen a los intereses de la política, del pueblo.

Avanzaremos en esta contienda y al mismo tiempo asumimos el rol histórico de organizar al pueblo para la resistencia popular y la construcción de una verdadera alternativa revolucionaria que se consolide en corto plazo para dirigir junto al pueblo la construcción del socialismo en el Ecuador como la única alternativa justica y democracia plena.

Los y las comunistas debemos salir a la calle y disputar en todos los espacios este momento electoral sin bajar nuestras banderas revolucionarias y destacando en el argumento político para que no se confunda el momento histórico y para nuestro voto sea el primer paso para la organización de una nueva fuerza popular que rechaza al neoliberalismo, la violencia burguesa y a la oligarquía empresarial.

¡Venceremos!

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