Los derechos humanos, una cuestión pendiente en Colombia

A los hombres y mujeres colombianas que han dado todo por la paz.

Lo que se olvida se repite, prohibido olvidar a nuestros/as camaradas.

Militar en la izquierda colombiana, parecería traer consigo un mal presagio; pues ese largo hilo de sangre que recorría el pueblo del cuento de García Márquez tiene mucho de realista y muy poco de mágico.

La historia de la izquierda colombiana es precisamente la Crónica de una muerte anunciada en un contexto histórico de absoluta complicidad del Estado (y sus diversos representantes) con los asesinos y de un ataque sistemático contra cualquier forma de organización social que represente una amenaza al proceso de acumulación capitalista o que resulte peligroso para una burguesía que no ha dudado en poner a su servicio tanto a los aparatos formales de represión, así como instrumentos paraestatales para salvaguardar sus intereses.

Tal como dice la frase no regalan miedo y nos venden seguridad, el escenario político colombiano ha sido progresivamente securitizado y además intervenido frontalmente por los intereses de los Estados Unidos, que no han dudado en inyectar los recursos que sean necesarios para eliminar sistemáticamente a ciudadanos colombianos bajo la consigna de seguridad “democrática”.

Los más de 50 años de conflicto social, político y armado que se registra en Colombia dan cuenta de que las contradicciones e inequidades sociales son la causa estructural para el surgimiento permanente de organizaciones y dirigentes sociales en la ciudad y el campo que reivindican en derecho a una sociedad justa y democrática, y en ese contexto desde el Ecuador fuimos los primeros en alegrarnos de la apertura de un proceso de Paz entre el Presidente Santos y las FARC.

No obstante, el nivel de penetración que el crimen organizado y los aparatos paramilitares en los distintos ámbitos de la sociedad colombiana no dudan, y ponen todo su empeño, por frenar dichas negociaciones, aunque esto implique recurrir al asesinato de líderes sociales que se han decidico firmemente por la paz y por la salida política al conflicto.

En apenas 15 días son ya 5 los asesinatos, y muchas más las amenazas que han recibido dirigentes de izquierda, entre ellos el Camarada Klaus Zapara, militante de la Juventud Comunista Colombiana (JUCO). Y evidentemente estos crímenes siempre serán tratados de ser ocultados por los medios de comunicación, o en su defecto tergiversados; todo esto para encubrir el reinicio de un campaña de amedrentamiento y eliminación de la izquierda colombiana.

Hace tres décadas, más de 3000 militantes de la Unión Patriótica fueron asesinados, en un proceso que debería ser considerado un genocidio por razones políticas, y que merece respuestas y esclarecimiento de los hechos, cosa en la que por ahora el Estado Colombiano poco o nada a hecho siendo también cómplice de la impunidad de cada uno de estos crímenes.

Ante esta situación, y convocando a las organizaciones revolucionarias del continente y del mundo, el Partido Comunista Ecuatoriano expresa su más profunda solidaridad con las organizaciones revolucionarias de Colombia, nuestra admiración y respeto a la militancia de cada una de estas, pues son los militantes de la paz, y llamamos al Gobierno Colombiano a brindar las garantías necesarias para frenar esta violenta campaña.

La paz es siempre un decisión política, el pueblo colombiano ha apostado por ella; una paz acompañada de justicia social, de libertad y verdadera democracia. Esperemos que esa también sea la apuesta del gobierno.

Comité ejecutivo del Partido Comunista Ecuatoriano

11 de marzo de 2016.

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