Las lecciones del 15 de noviembre para el movimiento obrero y la izquierda.

El 15 de noviembre es una fecha determinante en el calendario político en el Ecuador, con especial énfasis para las y los trabajadores y la militancia de izquierda; muchos lo comprenden como el bautizo de sangre de la clase obrera, el momento en dónde el movimiento popular nacional, entendió, que la lucha de clases no es una elección, sino un destino inexorable al cual se debe llegar preparado, organizado y consciente.

¿Cuáles son estos elementos que sostienen una profunda vigencia?

La burguesía jamás dudará en utilizar la violencia para garantizar el orden clasista de la sociedad, sosteniendo con toda sus recursos la explotación al trabajador como base de bienestar de las capas dominantes y la acumulación de capital, es claro que antes de soltar el poder, defenderán con inusitada temeridad y sadismo sus intereses económicos.

El 15 de noviembre de 1922 el presidente plutócrata José Luis Tamayo, mandó a los carabineros a sofocar, con contundencia y ejemplaridad, la toma de Guayaquil encabezada por la anarcosindicalista Federación Regional de Obreros del Ecuador,  situación que sobrepasó las capacidades militares, políticas y orgánicas de los sindicalistas.

Esta gesta revolucionaria y su sofocación virulenta hizo evidente el sindicalismo revolucionario por sí mismo no puede sostener un proyecto de transformación social, es ilusorio creer que solo a través de la lucha sindical podremos lograr la emancipación, por eso es necesaria la unidad histórica de las clases subalternas y su proyección política en un bloque histórico combinando todas las formas de lucha.

Para lograr la proyección del movimiento revolucionario, es necesario consolidar la organización sindical y su incidencia política. Los sindicatos son el espacio de fortalecimiento, crecimiento y consolidación del movimiento revolucionario de los trabajadores y trabajadoras, son la escuela de formación y base de la reproducción de la conciencia de clase.

Recordemos a V.I Lenin al respecto de la necesidad de consolidar la lucha política desde la organización de base, sostiene: “la lucha entre las clases hostiles es una sociedad dividida en clases se convierte de manera indefectible, al llegar a una fase determinada de su desarrollo, en lucha política”, añadiendo-, “la lucha entre los partidos es la expresión íntegra, completa, acabada de la lucha política entre las clases” (El Partido Socialista y el revolucionarismo sin partido)

Así, una de las más importantes autocríticas de las jornadas revolucionarias de noviembre de 1922, es que la apuesta a la espontaneidad sin un trabajo organizativo real, consolidado en la expresión unitaria y política de los trabajadores, el Partido, que pueda sostener en el tiempo las acciones de las clases subalternas disputando el poder, está destinadas a caer ante la eficiencia de la organización de la clase burguesa.

Por eso, en este Ecuador del 2017, es necesaria la unidad programática del bloque popular superando el cortoplacismo, el oportunismo, el obrerismo y el caudillismo, lección que se hace aún más evidente en nuestra coyuntura, cuando vemos que 95 años después de la gesta heroica del pueblo guayaquileño y ecuatoriano contra el gobierno de José Luis Tamayo, y 10 años de revolución ciudadana, no se ha logrado construir una corriente sindical que supere al vetusto modelo vigente, siendo  capaz de dar una respuesta organizativa a la compleja realidad laboral y política actual.

Unidad, Organización y Conciencia.

 

 c. Carlos Andrade

Secretario General

Partido Comunista Ecuatoriano

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