Los resultados electorales del 11 de abril de 2021 pueden y tienen una serie de análisis. Por un lado, están los críticos que se lavan las manos y tratan de poner las razones en otros tal cual lo hicieron en campaña, también hay los que ahora ven todo mal y no valoran nada; y, por otro lado, los sensatos autocríticos que encuentran razones en el todo y convocan a superar los errores.
No es culpa de nadie. El progresismo y la izquierda han sido víctimas de sus circunstancias y de la ineficaz respuesta ante problemas específicos como la unidad y el programa. El divorcio del pueblo responde a los errores del pasado y los del presente y, sobre todo, a la ofensiva mediática promocionada desde todos los ámbitos de la comunicación pública y la manipulación institucional.
En la política hay posturas, unas más y otras menos adecuadas, conforme las circunstancias de cada organización; pero razones, desde cada perspectiva, sobran. La pregunta es ¿qué hacer ahora cuando ha sido evidente el debilitamiento institucional y de la democracia?
Electo Lasso, con poco más del 52% de los votos válidos, en realidad recibió el respaldo de tan solo el 35,6% del padrón electoral, es decir, casi siete de cada 10 ecuatorianos no apostamos a su proyecto. Una Asamblea con mayoría progresista y con muchos representantes de la izquierda deberían bloquear los intentos de desmantelamiento del Estado y las políticas entreguistas, propias de una visión neoliberal. Pero, ese acuerdo en la Asamblea se logrará solamente si existe sensatez en las posturas de cada bloque, si se deponen actitudes, candidatos y supremacías, abriendo espacio a un programa de unidad y resistencia.Anuncia Lasso que el primer día de su gobierno iniciará con su intento de desinstitucionalización. Y es que, pretender eliminar el Consejo de Participación Ciudadana es un acto nefasto para el sueño del buen vivir, pues esa función del Estado, no solo debería nombrar autoridades sino de verdad promocionar y gestar condiciones para un contra poder mediante la participación ciudadana. No se hizo en 13 años de vigencia de la Constitución y tampoco se podría hacer con un Consejo de la calidad del actual, pero eliminar el Consejo solo afecta la posibilidad de una real participación del pueblo en la toma de decisiones de las políticas públicas. El debate es mucho más complejo entonces.
Efectivamente, la izquierda no ha sido derrotada, fue derrotada electoralmente una propuesta electoral del progresismo con unos representantes específicos, pero no por ella misma sino por los miedos generados en una campaña de odio y desinformación que colocó en el centro del debate a otros países y otros actores que no eran siquiera candidatos. Lo difícil de desmarcarse y mostrar la autenticidad de la propuesta de unidad impulsada por Arauz y Rabascall, pasaron al final una factura inmensa.
En adelante, la calle nos convocará a todos por igual. Es el gran momento de la unidad para enfrentar el neoliberalismo. La unidad no implica la desaparición de diferencias profundas, sino al contrario, la identificación de las mismas para resolverlas de ser posible; implica colocar en el centro la necesidad de la resistencia, la importancia de hablar de todos y con todos; y, sobre todo implica la madurez de entender que, aunque diferentes, nuestra lucha inmediata es la misma.
Algunos desde la comodidad critican la derrota, se anulan como actores al igual que muchos anularon su voto y, en esa consonancia, electoralmente se facilitó el triunfo de la minoría neoliberal y temerosa.
Es lamentable escuchar a dirigentes criticando y no autocriticándose, otros poniéndose como los únicos capaces haber impulsado el triunfo y como consecuencia desvalorizando las capacidades y el trabajo de sus compañeros. El ego, el personalismo y caudillismo siguen siendo el eje sobre el cual se basó la campaña triunfadora y, lamentablemente, el análisis posterior da cuenta de que en esos mismos factores no superados están los elementos de la derrota.
Culpar a los que anularon o se ausentaron es miserable en términos de la política; es no entender que simplemente no se ha logrado construir una verdadera alternativa, y eso no pasa por los electores, sino por los que se pretenden dirigentes. Algo habremos aprendido, ese algo debería ser que sin unidad no somos capaces de avanzar a ningún cambio y que en este momento la calle nos pertenece a todos. Y si queremos vencer, debe el imperialismo encontrarnos unidos y fuertemente comprometidos para retomar las luchas políticas y sociales.
No son admisibles pactos de gobernabilidad que faciliten la aplicación de un programa neoliberal; la democracia burguesa es el juego de la imposición de una minoría que ostenta el poder sobre la mayoría que no lo tiene. Somos mayoría los que no apoyamos a Lasso, y por ende la lucha debe ser para que se impongan los intereses unitarios y consensuados de esa mayoría que además voto por las diferentes propuestas de izquierda y progresistas en la primera vuelta electoral.
El pueblo no eligió a Lasso, las circunstancias de nuestra desunión le permitieron ser presidente, por ello de inmediato, si queremos defender al pueblo y cumplir nuestro rol histórico, corresponde cumplir con el reto histórico y partir de un gran programa de unidad y resistencia. Podemos lograrlo, está en nuestras manos.
Unidad, organización y lucha.
Partido Comunista Ecuatoriano.




