La década ganada y la década por ganar

Presentamos editorial del Secretariado Nacional del Partido Comunista Ecuatoriano, donde se marcan las líneas programáticas que plantea el PCE para el próximo Gobierno de la Revolución Ciudadana.

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¡Buenos días señor profesor! Nos poníamos de pie, entraban los docentes y preguntaban: ¿Quién trajo el borrador? ¿y las tizas?  -pase a limpiar el pizarrón, mojará un trapito para que no haga mucho polvo- los que no tengan el libro júntense con algún compañero para empezar la lectura, dirán a sus papitos que manden la cuota para arreglar los pupitres, verán señores que la próxima semana no hay clases porque no nos han pagado y vamos a hacer paro.

En la escuela y en el colegio éramos felices con nuestros compañeros, no entendíamos eso del paro y era normal para nosotros que debamos “hacer vaca” para comprar las tizas y arreglar los pupitres. También el Comité Central de padres de familia pagaba algunos profesores. Esa era la realidad de la educación.

Ya en el colegio salir a las bullas o a las huelgas era pan de todas las semanas, el pasaje estudiantil, la no firma del ALCA, el pago de pensiones jubilares, la gratuidad de la educación eran varias de las consignas que nos movilizaban, luego todo se consolidó en el grito “que se vayan todos”.

En el 2006 se fraguó la gran unidad. La figura de Rafael Correa apareció en el escenario político y se enarboló la bandera de la Asamblea Nacional Constituyente que luego fue convocada y construyó la Constitución de Montecristi, en la cual se incluyeron la gran mayoría de demandas, desde allí hasta el momento el país ha cambiado.

Ahora la educación es gratuita y de calidad, ya nadie compra las tizas, los pizarrones son de acrílico, se entregan uniformes y libros, el Estado incrementó el salario y paga a todos los profesores. Ya tenemos el pasaje estudiantil, las políticas soberanas renegociaron la deuda externa ilegítima, se incrementaron y se pagan puntualmente las pensiones jubilares. El Estado es plurinacional, tenemos carreteras de lujo que ayudan al turismo y a los productores, se dio la revolución energética y se sentaron las bases para el cambio de la matriz productiva, rescatamos los recursos naturales para que las regalías estén a servicio del pueblo y se vive un ambiente de estabilidad política refrendado por 10 elecciones ganadas consecutivamente por las fuerzas de la Revolución Ciudadana. La salud es gratuita, hay miles de becados y se incrementó el acceso a la universidad. Se reguló la comunicación como servicio público, se ordenaron las finanzas, se han incrementado los derechos de la ciudadanía y de los trabajadores, etc., etc. Sin duda hablamos de una década ganada.

Aunque los sectores de oposición pretendan desconocer todo lo avanzado, salta a la vista la obra física y política de Rafael Correa y, para quienes tenemos memoria, sabemos que el país de hoy no es ni la sombra de lo que fue el país de la partidocracia.

Reconocer todo lo avanzado no significa que no existan muchas cosas por mejorar y en ese sentido debemos hablar de la década que tenemos por ganar. Con casi todas las cartas electorales sobre la mesa sabemos que se contraponen dos tesis sustancialmente opuestas; por un lado, estamos quienes apostamos a la profundización y radicalización de la Revolución Ciudadana, y por otro lado están los que nos plantean regresar en el tiempo a un sistema donde la justica y la redistribución no sean política pública sino antojo del gobernante de turno.

La “unidad”, que cada vez está más dividida, así como la candidatura de Guillermo Lasso, proponen un viraje total hacia el neoliberalismo que implica flexibilización laboral, menos impuestos a las grandes empresas, debilitamiento del Estado y su capacidad reguladora, etc. Es decir, un gobierno que ponga a las grandes empresas y grandes inversiones de las transnacionales a dirigir la orientación de la política y del Estado. Por otro lado, quienes se plantean como tercera vía, proponen un viraje más moderado, Paco Moncayo y la ID junto al MPD y otros, otrora enemigos políticos, pretenden y dicen en su discurso, gobernar con “todos”. Estos últimos que ya gobernaron el país y no cambiaron nada, pretenden destruir el “correismo” para hacerse del poder el Estado. Según ellos están por la democracia para devolverle el control de la educación a quienes la destruyeron, pretenden negociar lo innegociable como los privilegios de las fuerzas armadas y otros grupos poderosos.

Las supuestas alternativas saben que este gobierno ha hecho mucho y muchísimo por el pueblo y es por ello que no hablan con frontalidad de sus propuestas económicas y sociales, ellos pretenden deslegitimar al gobierno y al presidente Rafael Correa por cualquier pretexto que pueda venderse mediáticamente y cuentan para ello con los grandes medios de comunicación privada. El pueblo debe saber, que la misma estrategia aplicaron personajes como Macri en Argentina, quien vestido de oveja llegó al poder y devalúo la moneda, retiró los subsidios en servicios básicos como la electricidad incrementando por varios dígitos su costo, generó despidos masivos, volvió a empeñar el país a las transnacionales y persiguió a sindicatos y organizaciones que luchan por los derechos humanos como las “madres y abuelas de la Plaza de Mayo”.

La radicalización y profundización de la Revolución Ciudadana, es un clamor del pueblo y el pueblo no debe confundirse: los únicos que podemos cumplir esos objetivos somos aquellos que ya hemos luchado por eso durante estos 10 años, empezando por las organizaciones del Frente UNIDOS y reconociendo el liderazgo de compañeros como Lenin Moreno y Jorge Glas que hoy representan el binomio del pueblo. Los traidores, los leguleyos, la vieja partidocracia, los oportunistas o los pitiyanquis no son una opción, la opción sigue siendo la Revolución Ciudadana y su programa de gobierno basado en los principios y derechos de la Constitución de Montecristi.

En ese sentido, se deben abordar por lo menos 3 ejes de esa radicalización:

El primero es la consolidación del cambio de la matriz productiva que pasa por desarrollar, tal como establecer la Constitución, una economía popular y solidaria como base del sistema económico del país. Este postulado implica crédito, reforma agraria, impulso a las iniciativas pequeñas y medianas, generación de valor agregado, industrialización, democratización de los medios de producción y distribución y redistribución de la riqueza.

El segundo eje es el fortalecimiento de la participación ciudadana hacia la construcción del poder popular. Para ello es necesario fortalecer las organizaciones sociales, generar un gobierno nacional popular que incluya en su gestión a las organizaciones aliadas y a los movimientos sociales comprometidos con el país por una agenda común; debemos generar participación con alto grado de incidencia que evalúe y proponga política pública a la vez que es corresponsable de su aplicación. Un gobierno que tenga a sus aliados articulados y con capacidad de propuesta y consulta, a esto hay que sumarle la consolidación de las instituciones que garanticen gobernabilidad apegados a sus competencias y responsabilidades constitucionales.

El tercer eje debe ser el de la revolución cultural, nos referimos al salto cualitativo de la sociedad, en donde la nueva cultura sea la de la solidaridad, de la asociatividad, de la organización y la corresponsabilidad. Esta revolución es la revolución de la conciencia social y política en la cual cada logro y avance sea asumido como una conquista. Este eje tiene que ver con la ética del gobierno desde los más altos cargos hasta el compañero que presta de manera cálida y optima el servicio. Es la revolución de la inclusión, de la no discriminación, del diálogo, de una sociedad revolucionaria y consciente del cambio de época.

La profundización por su parte implica mejorar y ampliar lo avanzado: mejorar los servicios como salud y educación con cada vez mayor calidad y pertinencia, generar más trabajo digno, cumplir y hacer cumplir las leyes en torno al ejercicio de derechos y también sobre las obligaciones de cada ciudadano. Mantener la inversión, consolidar la soberanía en todo sentido, culminar el proceso constituyente, luchar contra la corrupción a todo nivel, y seguir por el camino de la integración latinoamericana con un sistema de complementariedad y solidaridad.

Para cumplir esas demandas del pueblo es reto de las organizaciones proponer los mejores cuadros capaces de ganar las elecciones y tener mayoría en la Asamblea, pero no cualquier mayoría, se necesita una mayoría profundamente comprometida con la revolución, que conozcan la historia de la Patria, que hayan sido parte de esa historia y hayan jugado un rol serio y probado en la construcción del nuevo Ecuador.  Así mismo es reto de las organizaciones construir cada día la unidad, pero no cualquier unidad ni la unidad por la unidad, nos referimos a unidad política y programática por la construcción del socialismo en nuestro país, no el socialismo por decreto, sino el socialismo con poder popular, el socialismo para distribuir equitativamente la riqueza donde todos y todas seamos parte importante e integrante de esa nueva sociedad.

Esta es la base de nuestra propuesta y confiamos que el compañero Lenin Moreno asumirá con absoluta responsabilidad estas propuestas y la conducción de los primeros cuatro años de la década que tenemos por ganar. ¡Venceremos!

 

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