Ecuador vive momentos complejos. El rumbo del país está condicionado por intereses y presiones nacionales e internacionales. El gobierno es débil, la base popular organizada es poca, la popularidad del Presidente se mantiene en niveles altos gracias a la extensa tregua brindada por los medios, de la cual han sabido aprovechar para retirar de la retina popular elementos sustanciales de los proyectos revolucionarios. Perdimos los medios públicos que son hoy lo mismo que un medio comercial, se educa poco, se informa menos y se garantiza el debate público nada. La derecha configura su hegemonía cultural y la izquierda no encuentra los caminos para detenerla.
El gobierno no ha logrado canalizar las demandas de las organizaciones sociales y políticas de izquierda que plegamos al diálogo, las respuestas han sido deficientes y en algunos casos inexistentes. En contraste, las demandas de los sectores económicos poderosos se ven casa vez más, representados en el gobierno.
La designación de un representante de las cámaras empresariales como ministro de economía, refleja un duro golpe de timón que pone en riesgo el rumbo del proyecto político que ganó las elecciones, y aunque el nuevo ministro ha dicho que su voz ya no es la de los empresarios, su ideología y propuesta política económica simplemente no es por la cual votamos la mayoría de los ecuatorianos. Si la economía sufre un viraje hacia el neoliberalismo, no será difícil inferir la posición de nuestro Partido ante esa posible nueva realidad. El escenario positivo sería que el “trabajo técnico” del flamante ministro se oriente a alcanzar los objetivos del programa, con el modelo que plantea el programa de gobierno y acercando a los sectores que se ven representados (en el ministro), a fortalecer la economía del país. Ese es el escenario al que aspiran algunos actores políticos que a mi criterio es casi imposible y configura una esperanza muy ingenua.
Mientras eso pasa en la coyuntura, el reto de la izquierda debe ser la proyección de mediano y corto plazo; debemos seguir disputando el “que hacer” de la política en todos los ámbitos posibles y a su vez preparando y desarrollando las herramientas que nos hicieron falta, a la izquierda, para garantizar el proceso. No es culpa de nadie sino de nosotros mismos, las fuerzas progresistas, que luego de 10 años, la realidad económica y política del país, nos haya encontrado desprotegidos, sin organización popular, sin conciencia de clase, sin herramienta política y sin unidad, sin esos factores esperar mágicamente una conducción diferente de este o cualquier gobierno es asumir que solo los caudillos pueden asumir un proceso de transformaciones y no el pueblo, aunque a nombre de lo popular se pretenda fortalecer los discursos de radicalidad que solo sirven de mecanismo de autocomplacencia de los radicales que no entienden la política como revolucionarios.
Insistimos en las tareas, insistimos en la consolidación del Partido, en la disputa política en todos los campos posibles, insistimos en tener un rol y construir la unidad política bajo un programa popular y revolucionario y sobretodo insistimos en el carácter del Partido como herramienta para la organización de la revolución.
Ya cumplimos 92 años y sin duda aprendemos y aprendimos de cada acierto y de cada error. El objetivo sigue siendo el mismo y por ello las nuevas fortalezas del Partido en los movimientos de trabajadores y estudiantes es la muestra de que estamos avanzando. Hoy somos un actor político que está en la mesa, en el diálogo, en las propuestas y también en las calles.
Por último, espero y confío que, en la próxima edición de nuestro periódico podamos felicitar el triunfo electoral de Petro en Colombia y de Nicolás Maduro en Venezuela; por lo pronto les enviamos fuerza para las tareas que quedan antes de las jornadas electorales.
Paúl Almeida Pozo
Secretario General CC- PCE



