El objetivo de este artículo no es volver a los debates o posicionamientos “escolásticos” frente al trotskismo o stalinismo. Sino, una reflexión necesaria para la construcción de la organización revolucionaria, contando con las experiencias del movimiento obrero mundial, en las cuales, las prácticas trotskistas han jugado un papel vergonzoso.
Existen cualidades específicas que son resumidas por la gran revolucionaria y compañera sentimental de Lenin, Krupkaya, en un documento enviado a la Segunda Internacional, en donde diferencia claramente el accionar trotskista y el leninista. El rol de las masas, la toma del poder – la dictadura del proletariado y el atentado a la unidad revolucionaria son las cualidades tratadas.
“A los Trotskistas y a los Zinovievistas –expresa Kruskaya- no les interesa el destino de las masas. Lo único que les importa es cómo tomar el poder, aunque sea con la ayuda de la Policía Secreta del Estado Alemán y de los enemigos más salvajes de la dictadura del proletariado”
El oportunismo trotskista de la búsqueda ansiosa del “poder por el poder” no representa en ningún sentido la toma del poder desde el leninismo. La toma del poder es ante todo un proceso que se desarrolla mediante la capacidad dirigente del Partido Revolucionario y su conducción en las masas. La toma del poder de la clase proletaria es un escalón más en todo el avance revolucionario, es el salto cualitativo, resultado de la conformación cuantitativa, acumulación de fuerzas y credibilidad que legitimen, respalden y den contenido al poder conquistado.
El trotskismo al solo expresar su voluntad de poder, pierde el contacto con las masas y por ende la importancia del Partido como organización de vanguardia unificada que conduce la lucha revolucionaria. El trotskismo ha contado exclusivamente con estructuras fragmentadas y aisladas sin contacto con las masas populares, es por eso además su carácter menchevique -minoritario- en la lucha politica. Siendo, de la misma manera, su dinámica unidireccional, desde arriba hacia abajo, atentando con el principio leninista de centralismo democrático.
“No es por accidente – continúa en otro párrafo Kruskaya- que Trotski, que nunca captó el carácter esencial de la dictadura del proletariado, que nunca comprendió el papel desempeñado por las masas en la construcción del Socialismo, Trotsky, cree que el Socialismo puede ser construido con órdenes desde arriba”.
Sin ninguna relación con las masas y sin la comprensión de estas en la papel revolucionario, la dictadura del proletariado no tendría sentido. El trotskismo, al confundir la dictadura del proletariado desde el leninismo con el liberalismo, no solo pone de manifiesto su posición pequeño-burguesa sino que niega el acto más democrático que se ejecuta por la mayoría de la población. La dictadura del proletariado no es administrar el poder por una fracción de una clase, como es en el capitalismo, sino la toma del poder y su ejercicio por parte de toda una clase que además es la mayoritaria de la población. La revolución es el acto más imponente y dictatorial pero a su vez el acto más democrático por la participación de la mayoría.
Lenin manifestaba que la revolución no se hace, se organiza. En efecto, la organización revolucionaria no hace la revolución, la conduce. Son las amplias mayorías, las masas, quienes hacen la revolución.
La unidad de acción no solo se debe reflejar al interior del Partido Revolucionario, sino, en la unidad con las masas para vencer al capitalismo.
Por eso, el trotskismo, a más de contar con su ultrismo y acomodo político es la tergiversación sobre el rol del partido leninista. Al igual que Kruskaya vale reiterar que “ni los trotskistas, ni los partidarios de Zinoviev, ni la Segunda Internacional, tendrán éxito en esconder este hecho y en lanzar arena a los ojos de las masas”.
El compromiso del Partido Comunista es con la revolución y el socialismo!
c. Juan Francisco Torres
Secretario Nacional de Organización
Partido Comunista Ecuatoriano
Quito, 4 de julio de 2016
