Galo Gallegos H.
Partido Comunista Ecuatoriano
“Toda teoría es gris, pero el árbol de la vida es siempre verde”
Goethe
El día lunes 9 de noviembre debió cumplirse la primera audiencia contra cinco exmilitares acusados de perpetrar crímenes de lesa humanidad. La audiencia, primera en la historia ecuatoriana con este carácter, se suspendió por ausencia de uno de los acusados, sin embargo el poder mediático, cumpliendo su labor, a su manera, no deja de centrar la atención del público sobre tres hechos: la presencia del Comando Conjunto y 25 altos oficiales de las FF.AA. en el auditorio de la Corte Nacional de Justicia; la presencia en la calle del coronel en retiro Fausto Cobo, al mando de un grupo de exmilitares; y, la reunión durante 40 minutos entre el Fiscal General del Estado y el Jefe del COMACO. La acusación involucra en realidad a nueve personas de las cuales dos han fallecido, dos están prófugas y cinco que permanecen con medidas sustitutivas, y, los actos en los que participaron tuvieron lugar exactamente hace treinta años.
¿Cómo interpretar la presencia del Alto Mando Militar en la sala de audiencias? ¿Razones de Estado –La raison d’État-? ¿Espíritu de cuerpo? El arresto, secuestro y torturas a las que fueron sometidos tres militantes de Alfaro Vive Carajo –AVC- fue una acción que se cumplió en el marco de la denominada política antiterrorista durante el gobierno de León Febres Cordero de clara orientación socialcristiana y al servicio de los intereses del capital transnacional.
Nadie puede tener dudas sobre la personalidad violenta –“Yo no mando a pegar, yo mando a matar!”- del entonces Presidente del Ecuador y tampoco de la orientación económica neoliberal de su mandato. Sin embargo, ¿sería correcto afirmar que los hechos hoy juzgados puedan justificarse desde la ‘La raison d’État’t? El binomio León Febres Cordero – Blasco Peñaherrera Padilla tenía serias divergencias no solo sobre la conducción económica y política del país, sino fundamentalmente sobre los límites del poder. “El viernes Negro”, como se conoce al 16 de enero de 1987, día en que fue secuestrado León Febres Cordero por comandos de la Fuerza Aérea en la base militar de Taura, demuestra que tampoco al interior de las Fuerzas Armadas había una aprobación generalizada de la política gubernamental y que al margen de este hecho y de que el Presidente y el General Vargas fuesen compadres, las diferencias respondían, con seguridad, a razones más ideológicas. No se puede dejar de considerar que en el período 1972-76 el gobierno fue asumido por el General Guillermo Rodríguez Lara, como resultado de un golpe militar gestado por los coroneles del Ejército, armados de un Plan y Filosofía de Gobierno que contemplaba un conjunto de transformaciones políticas y sociales diametralmente opuestas a las que cumplían las dictaduras instaladas en el Cono Sur latinoamericano, gobierno que también tuvo que enfrentar la oposición violenta de los sectores alineados con los intereses del gran capital transnacional, tanto de la sociedad civil como de militares fieles a su formación en la Escuela de las Américas. El General Rodríguez fue derrotado, pero el Triunvirato militar que lo sustituyó si bien frenó el proceso iniciado por los coroneles en la renovación del Estado, no pudo detener la consolidación del grupo y su visión doctrinaria en aras de la transformación social. José Hernández, periodista colombiano llegado al país para cumplir una ‘pasantía’ en El Comercio, señalaba al cabo de dos años de labor investigativa que el ‘peligro marxista no se encontraba ni en la academia ni en el movimiento sindical, sino al interior del Ejército’. Es evidente que el conflicto en torno a la conducción del Estado existía y que en sectores juveniles se afianzaba la idea de una salida militar, pero más allá de las razones del Estado ecuatoriano es incuestionable la presencia de una conocida mano negra que desde Washington trabajaba en función de los intereses del imperio. Hoy está claro que los servicios de inteligencia dentro y fuera de las Fuerzas Armadas respondían directamente al Pentágono.
¿Cómo entender la presencia del coronel Fausto Cobo? Se trata de un personaje que, suele decirse, surge a la palestra el 21 de enero de 2000, día de la toma del Congreso Nacional por el movimiento indígena y un grupo de capitanes del Ejército al mando del coronel Lucio Gutiérrez y el tácito visto bueno del Alto Mando Militar. Cumpliendo con la aparente misión de convencer a su camarada de armas de que desista del intento de derrocar al gobierno, llega el coronel Cobo en compañía de otros tres delegados al Parlamento y, ‘sorpresivamente’ se suman a la revuelta. En mis oídos aun resuena la contundente alocución de Cobo: “…esta es la segunda Revolución Juliana…” y la estruendosa ovación en la sala. También resuenan las amenazas hechas por León Febres Cordero a través de los canales de televisión en respuesta a Cobo: “…Guayaquil se levantará para impedir que esta revolución pase!…” y también minutos después la pausada pero no menos contundente respuesta de Peter Romero, para ese entonces ya ex-embajador norteamericano en el Ecuador, lanzada desde los EE.UU.: “…si este golpe triunfa, entonces Ecuador tendrá como Cuba treinta años de bloqueo…”. Vale la pena recordar que los indicados coroneles se pertenecían a un selecto grupo de la Academia Militar en el área de ‘inteligencia’, y, remitámonos nuevamente al ‘pasante’ Hernández: según sus investigaciones, las instituciones de mayor credibilidad en el país eran las Fuerzas Armadas y la Iglesia y el movimiento indígena resultaba el de mayor peligro. El corolario del levantamiento del 21 de enero, todos lo sabemos: Lucio Gutiérrez llegó a la presidencia de la República por ‘la vía democrática’ en el 2002 y se declaró el ‘mejor amigo’ de los EE.UU., cuatrocientos coroneles fueron expulsados del Ejército y el movimiento indígena entró en declive. El coronel Fausto Cobo sigue siendo el vocero del mejor amigo de los EE.UU. “LAS VICTORIOSAS FUERZAS ARMADAS DEL CENEPA NO SON CRIMILALES” reza el lema escrito por los acompañantes de Cobo sobre los colores de la bandera nacional, ¿hay, puede haber espíritu de cuerpo?
Para el poder mediático es una preocupación la charla privada entre el Fiscal General del Estado y el Jefe del Comando Conjunto. Galo Chiriboga ha manifestado que le pidió al General Garzón “…que tuviera confianza en el sistema judicial del país…”.
Tres décadas representan un período muy importante en la existencia del ser humano: en el país, la expectativa de vida es de 75 años, y considerando que las víctimas eran jóvenes veinteañeros, han debido y deberán cargar la mayor parte de su vida con la terrible brutalidad de sus victimarios. Cualquiera que sea el resultado del juicio, ya nada puede evitar esa inexorable fatalidad. De lo que hoy se trata es de esclarecer la verdad de lo sucedido, no solo en la materialidad de los hechos, sino de los actores y de los responsables intelectuales de los crímenes cometidos. Ocho años ha debido esperar la sociedad ecuatoriana para que finalmente estemos a las puertas de conocer los resultados de la Comisión de la Verdad. ¡Que brille la luz!
12/11/15


