El 30S también defendimos la Constitución de Montecristi

Compartimos el artículo de opinión del camarada Paúl Almeida Pozo, los comentarios emitidos son aporte para el debate sobre la coyuntura política nacional y no representan postura oficial del PCE.


Paúl Almeida Pozo,

Recuerdo el 30 de septiembre de 2010. Me acuerdo porque ese día sentí mucho miedo, estábamos en Quito con varios camaradas y compañeros de organizaciones juveniles que veníamos a un evento que jóvenes que se había organizado a través de una convocatoria nacional. En el bus en el que íbamos a la “Casa de Guayasamín”, escuchamos las noticias sobre un supuesto “paro de policías”. De inmediato supimos que  no iba a ser un día fácil. Recuerdo que le dije a uno de mis camaradas: “se jodió, es golpe de Estado”. Unas semanas antes habíamos analizado el rol de policías y militares y sus malestares por haber perdido algunos privilegios políticos; llegamos a la “Capilla del Hombre” y de inmediato hablamos con los jóvenes presentes y decidimos colectivamente ir a la Plaza Grande para apoyar al gobierno. Sabíamos que se estaba fraguando el golpe de Estado.

Cuando llegamos a la Plaza Grande ya se encontraba un pequeño grupo de compañeros de organizaciones. Recuerdo algunas banderas de la FEI a las que les sumamos las banderas de la Juventud Comunista del Ecuador y de las organizaciones de jóvenes que estábamos en el encuentro. Dimos la primera pelea en las calles García Moreno y Chile. Por la García Moreno llegaron unos carros de funcionarios con militares y, detrás de ellos estaban policías motorizados que pretendieron entrar después de los carros de los militares y funcionarios, los que con señas nos decían que nos les dejemos pasar. Nos abalanzamos a las motos de la policía y cayeron las primeras banderas que se rompieron al enfrentar a los toletes, gases y policías con protección que además amenazaban con pistolas en mano, incluso alguien disparó al aire… ¡Qué orgullo!, esas pocas banderas que batallaron eran las de militantes formados por nuestra JCE. Seguro estas historias no se conocen, el pueblo no maneja ni manejaba las imprentas, los medios públicos, ni los privados.

 

¡Vamos al hospital a rescatar al presidente! ¡Hay que defender la democracia y la constitución, vienen por todo!

 

Así fue, empezamos a marchar, caminamos largas cuestas hasta el hospital. En el camino ya hubieron pequeñas peleas con la “izquierda del MPD – UNE – FUT” que estaba articulada con la CIA y la Derecha y que estaban subidos a las camionetas de la policía agrediendo al pueblo. Ese día la gente quería defender el proceso, la Constitución, la democracia y a su gobierno, pero la gente salió sin organización: a las balas querían responder con “abrazos” y manos vacías. Pensaban que pidiendo “por favor”, los golpistas iban a desistir de sus intentos, eso fue lo que más miedo nos asustó, sabíamos que si no intervenían los militares a favor del pueblo y su gobierno, la lucha popular no iba a durar ni siquiera dos días.

 

Superado aquel día en el que “triunfó la democracia”, le escribimos al gobierno, a Rafael Correa en varias ocasiones y le decíamos que si no se organiza el poder popular y se organiza el proceso unitario con las masas y las organizaciones políticas y sociales… que si no se lograba garantizar la participación ciudadana, que no se cambiaba la forma de democracia interna, que si se seguían poniendo funcionarios a dedo y candidatos por los intereses, amistades o cualquier otro criterio menos el de su trayectoria política y revolucionaria, este proceso se iba condenar a el estancamiento. Si el pueblo no entiende la revolución, no tiene por qué respaldarla; las obras y los servicios para alguien que no entiende que el acceso a esos derechos SI es un tema de derecha o izquierda, es presa fácil de cualquier campaña publicitaria.

 

Al final y 7 años después, mantengo el mismo miedo: nunca se trabajó en el fortalecimiento de las organizaciones sociales o políticas, al contrario, la pasada dirigencia de AP se encargó de dividir a las organizaciones, de generar paralelismos y boicotear las iniciativas de la izquierda más radical. Rehuyeron permanentemente al debate político ideológico, argumentaban con el “pragmatismo económico” algunas acciones como la propuesta de ley de Alianza Pública Privada que era una herramienta neoliberal que con asambleístas de izquierda dentro del bloque se logró ajustar para que sea una herramienta positiva. En vez de construir frentes políticos y de masas de carácter amplio, impulsaron herramientas dependientes del Estado y la burocracia política y ahora están claros los resultados. Esa misma pasada dirigencia bloqueaba también la legalización de organizaciones sindicales y estudiantiles, todos seguro podemos contar varios ejemplos.

 

Decíamos en campaña y nos asombrábamos: “¿Cómo es posible que debamos hacer tanta campaña luego de 10 años?” “el pueblo debería estar con el gobierno” “el pueblo es ingrato”. Más allá de las gratitudes, el mayor problema es que después de todos estos años, nunca se logró hacer el cambio real de la cultura política de los ecuatorianos, acá nadie vota por la derecha o por la izquierda, votan por las ofertas de campaña, por los líderes o por los caudillos. Ojalá para iniciar cualquier debate político se inicie por esta autocrítica, porque así como nos referimos al gobierno y al partido de gobierno como los responsables fundamentales, las organizaciones que hemos sido aliados también tenemos responsabilidad.

Hoy festejo el triunfo de la democracia de aquel 30S, y me sumo a la fiesta por el aniversario de la aprobación de la Constitución de Montecristi por la cual trabajamos día y noche y nos movilizamos durante dos años para construirla. Me sumo a que se piense en el espíritu de la Constitución porque eso debería significar la profundización de la participación ciudadana, el desarrollo de un modelo económico justo y equitativo, una sociedad donde el ser humano esté por sobre el capital y me sumo porque reconocer ese espíritu significa ratificar las líneas POLÍTICAS  a las cuales la derecha se opuso siempre. Me sumo a festejar y reconocer esa Constitución porque la vamos a defender, como ya la hemos defendido en ocasiones y perfeccionado en otras. No hay contradicción en festejar las dos cosas, no hacerlo sería renegar de una historia que hemos construido junto al pueblo.

 

En estos días en los que tanto se habla de “traiciones”, tratando de ser objetivo, tuve la oportunidad de analizar el Plan del Buen Vivir 2017 – 2021 y no encontré traición, al contrario… estoy tratando de revisar la política pública y no encuentro la traición. Me alegra que una pregunta como la de crear un impuesto a la propiedad como mecanismo de redistribución de la riqueza se haya aceptado como pregunta de la consulta popular, me alegra que el Presidente Lenin Moreno en la ONU haya hablado de la “no injerencia” y el respeto a la soberanía de los Estados y en contra del bloqueo al “hermano pueblo de Cuba”  y se haya reconocido a la CELAC y sus resoluciones, me alegra que haya dicho que la desigualdad en el mundo es una injusticia en contra al desarrollo y la dignidad humana y que por eso hay que tomar medidas fiscales justas. Me alegra que se hay denunciado al capitalismo y su fracaso al decir que  “Ante el fracaso del modelo de desarrollo fundado en la acumulación y la desigualdad y la guerra debemos propiciar una sociedad nueva basada en la construcción del bien común”; lo que si no considero correcto es que se pretenda acabar con las personas y con la historia, para tener el diálogo con todos los que han hecho y son parte de la revolución ciudadana, de todos los lados deben evitarse los epítetos, tal vez es el momento de llamar al diálogo real, profundo y sincero al interior del propio alianza PAIS.

Me preocupa que haya gente que ahora tome como fuente la información que construyen los medios de la derecha con la intención de generar desunión y zozobra. Me preocupa que la izquierda y el propio gobierno no desmienta algunas de las cosas; me preocupa -como me preocupaba con Correa-, la presencia de personas que no representan a los sectores populares y mas bien si representan a sectores económicos y empresariales dentro del gobierno y del gabinete, me preocupan no solo por lo que pretendan hacer, sino más por lo que pretenden bloquear, lo que puedan detener y lo que quieran destruir. por ejemplo, nos preocupa que con acuerdos ministeriales y en supuesto entendimiento con centrales sindicales se permitan anticipar las inspecciones laborales.

 

La consulta popular tendrá como es común aquellas preguntas populistas a las que no les puedes decir que no, tendrá las de fondo como las de redistribución de riqueza, tendrá las de forma como la reelección. Sabiamente, sabremos debatir al interior del Partido Comunista Ecuatoriano, – esperamos que así lo hagan las organizaciones sociales y políticas- para apoyar lo correcto en base a principios y pensando en el modelo de Estado y de Gobierno que se puede y debe tener.

Cada pregunta será la posibilidad de desarrollar la batalla de las ideas y que eso sirva para que aquello que no hemos logrado desde el 30s de 2010, se empiece a construir de verdad, el poder popular.

 

Por otro lado, el cumplimiento de los acuerdos del gobierno y el Presidente con los sectores de la izquierda del proceso es indispensable, esas son las señales que esperamos; las fichas se acabarán de jugar con la presentación definitiva de la proforma presupuestaria 2018, por lo que veo en el Plan de Desarrollo, espero que vengan buenos vientos.

 

Para la resistencia como dicen unos, para defensa y profundización como decimos nosotros, para la radicalización como esperamos todos los de izquierda; para cualquiera de esas batallas debemos construir unidad, pero la unidad no es bajo los liderazgos individuales de ningún compañero u organización en particular, o construimos el programa y nos sentamos a debatir sensatamente la política en base a hechos reales y además cumplimos los compromisos, o pueden no más seguir haciendo sainetes y recibiendo órdenes desde el otro lado del charco, pero ya me da la impresión que la falta de argumentación y ese pretender imponer la razón por la pasión una vez que no se tiene el poder, está llevando a alguna gente a la locura.

 

Para culminar estas pequeñas reflexiones, me permito decir que como comunista, cuando hablamos de la coyuntura política del Ecuador y del Gobierno, no estamos hablando de la revolución, estamos hablando de apenas una parte de la política que es necesaria para que el pueblo tenga condiciones dignas de vida y que avancemos de a poco a mayor justicia, apenas es una parte en la que se mide así mismo una parte de la correlación de fuerzas. Nuestro Partido cuando habla de revolución habla de su relación con las masas, con el pueblo, sus batallas y su organización, hablamos de la batalla real por el socialismo y el poder popular.

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