El 30 de agosto se conmemoró el Día Internacional de Víctimas de las Desapariciones Forzadas, de acuerdo a lo establecido por la Asamblea General de la ONU de la mano de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos, con el fin de “exigir verdad, justicia, y además, honrar la memoria de los desaparecidos”.
La historia reciente de América Latina ha dejado miles de casos de Detenidos Desaparecidos, y con esto familiares que buscan, información, reencuentros. La cifra de estas víctimas en los países latinoamericanos principalmente son fruto de las dictaduras militares que se dieron en la región y conflictos armados internos, como el caso de Colombia donde la cifra varía entre 26, 31, 80 y hasta 120 mil, de acuerdo a diferentes organizaciones.
En Guatemala, durante los 27 años de guerra interna y gobiernos represivos se han denunciado alrededor de 45 mil casos de desapariciones forzosas, Argentina se estima que durante la dictadura de Videla hubo un total de 8631 casos para las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo la cifra es de 30.000.
Perú 15 mil, El Salvador 5 mil, en Chile el régimen militar de Pinochet dejó 40 mil víctimas (sin considerar a personas exiliadas), alrededor de 3.200 corresponden a detenidos desaparecidos, en República Dominicana, las dictaduras de Trujillo y los gobiernos de Balaguer suman en 42 años entre 20 y 30 mil personas desaparecidas.
En el caso de México están registrados más de 30 mil personas desaparecidas, entre estas los 43 estudiantes de Ayotzinapa. En Ecuador se estima, de acuerdo a una investigación, 23 desapariciones entre 1982 a 1993, durante los gobiernos de los ex presidentes León Febres-Cordero y Rodrigo Borja.
En países como Bolivia y Haití ni si quiera se tiene un registro real de las víctimas de desaparición forzada durante los años de dictadura.
Cifras que no consideran en totalidad las víctimas, pues se extiende a quienes hasta el día de hoy esperan justicia, esperan un cuerpo del cual poder despedirse. Abuelas, madres, hermanos que han muerto sin conocer la verdad sobre lo sucedido a sus seres queridos. Hijos, hijas, nietos y nietas que fueron privados de conocerlos.
Victimarios, militares, agentes civiles de la dictadura que no han sido juzgados, otros que han recibidos penas que han cumplido en recintos privados, otros que han recibido, incluso, la impunidad y han sido liberados.
La memoria histórica permite que día a día sean recordados, y a través de esto que su historia siga viva, que sea contada, reclamada, exigida, pero sobre todo que no se repita.





