El capitalismo es una formación socio económica que tiene una gran capacidad de adaptarse; se adapta y con ello adecua las relaciones entre los individuos y los medios de producción. Cada ajuste, cada adaptación, está encaminada a mantener el sistema de explotación y acumulación capitalista, aunque deben ceder en algo a favor de la ampliación de algunos derechos para el pueblo, a pesar de ello, encontrarán el mecanismo y las condiciones para agudizar las contradicciones sobre los temas económicos.
Los últimos años en el Ecuador, desde septiembre de 2018, se ha consolidado en los hechos económicos la implantación del modelo económico neoliberal, por lo menos en lo cultural y en relación con el rol manifiesto del Estado en cuanto a su real capacidad de controlar el mercado. A la par de estos ajustes, las leyes económicas favorecen la acumulación y debilitan el rol del Estado como regulador, controlador y
redistribuidor de la riqueza.
En efecto, el gobierno nacional ha impulsado una serie de medidas y ha ajustado la normativa nacional para beneficiar una mayor acumulación de la riqueza por parte de la burguesía, en detrimento de los trabajadores; además la política económica pone los intereses trasnacionales por sobre los intereses de los productores locales. Se implementaron propuestas y mecanismos legales para flexibilizar el trabajo y con ello precarizar cada vez más las condiciones materiales y de la dignidad de los trabajadores.
Todo lo hecho ha reforzado la estructura del sistema capitalista, pero más allá de eso, ha condicionado la estabilidad del país a los intereses de los capitales e intereses extranjeros que se sienten cómodos y se benefician de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. A la par, el gobierno trabajó en la conciencia de la ciudadanía, desviando la luchas, disimulando lo actuado y justificando la “venta de la patria”, para salir del supuesto hueco económico “heredado”, para esto se ha servido del apoyo cómplice de la prensa y los sonados casos de corrupción en donde se endilga la responsabilidad no a sujetos sino a un proyecto, así, conforme la agenda de Washington, el progresismo y la izquierda es juzgada como la causante de la corrupción y todos los males del país.
La guerrea ideológica jamás se pierde porque no acaba, pero hay que tener claro, que en términos de correlación de fuerzas y en los hechos cuantitativos, la ciudadanía no acepta mayoritariamente una identificación con la ideología de izquierda o el progresismo, lo cual no significa que no se reconozcan los avances de esos procesos, sino más bien, que estos se simplifiquen a grupos y personas, y no ha proyectos políticos y económicos.
Con todo lo anterior, los medios y el poder económico, pretenden reducir la batalla política entre los supuestos “buenos y honrados ciudadanos” que quieren llevarnos al camino de la prosperidad, contra las “mafias correistas” que pretenden regresar al poder para acabar con todo.
En esta disputa Lenin Moreno, aparece como el pendejo, que hizo todo mal, pero que no es ahora ni de los unos ni de los otros. Moreno será eje de la campaña electoral, pues los unos por ponerlo y los otros por manejarlo, así las cosas, se desplaza el debate ideológico y se trabaja sobre la homogenización de la política, invisibilizando las propuestas revolucionarias que no tienen cabida en el juego burgués.
La institucionalidad a favor de los intereses que le convengan pacta con quienes pueden, anulan a Correa como candidato y hacen temblar al correísmo ante la posibilidad de que no se inscriba la candidatura Arauz – Rabascal, a causa de una táctica electoral que dejo cabos sueltos y que, a riesgo de quedarse sin binomio presidencial, no sacrificó la figura del líder. De consumarse la canallada y no permitir la inscripción, se consolida una barbarie en contra del sistema democrático.
El Estado no ha fallado, el Estado ha hecho lo que debe hacer, sirviendo a las clases que lo dirigen mediante el títere de Carondelet; lo que falla es la estrategia, por no entender que justamente ese Estado e institucionalidad ha estado toda la vida al servicio del poder, pues es ese mismo su sentido de existencia.
El pueblo no puede pretender que un candidato cambie sus condiciones de vida. Al final, ninguno ha planteado el cambio real y profundo de la base de explotación capitalista; los unos apoyados por un tipo de empresarios y los otros, por otros tipos de empresarios. Los derechos de los trabajadores a la deriva, a ver como se acomoda el juego burgués.
Se anticipa una Asamblea diversa, en donde las barbis cantan las canciones revolucionarias, y los banqueros nos hablan de salud gratuita; resulta que nadie en la campana dice de verdad ni lo que son o lo que representan.
La democracia es la fallida, pues ni existe participación, ni se garantizan los derechos, ni se consulta de verdad al pueblo. Las elecciones son un cumulo de estrategias electorales y el voto es solo el reflejo y resultado de la venta de ilusiones.
Sin embargo de todo lo anterior, las fuerzas de izquierda deberemos tomar postura, pues no se juega solo una candidatura, sino la posibilidad de retomar por lo menos, un rumbo democrático que permita reorganizar las fuerzas y disputar en todos los ámbitos de la lucha las reivindicaciones sociales y populares.
Ya con las cartas sobre la mesa, sabremos definir una postura en base a un programa real, que tenga como base la profundización de la lucha de clases para favorecer en esa batalla a los trabajadores: mejores salarios, más distribución, ejercicio de derechos, defensa de lo público, y derecho a la organización popular y revolucionaria.
Secretariado Nacional
Partido Comunista Ecuatoriano.



