El papel del ejército en la Revolución Bolchevique

Durante la efervescencia social y política en tiempos de la Rusia zarista, era, predecible en alguna medida, que los actores sociales, movidos por las ideas socialista revolucionarias, no tardasen en revelarse contra el injusto sistema que los oprimía.

En escritos anteriores, se ha analizado el papel que jugaron las mujeres y los obreros en la sucesión de procesos de movilización popular que tuvieron su culmen en la revolución del 17, en esta ocasión voltearemos la vista hacía unos de los sectores, quizá clave para la consolidación del proceso bolchevique, el ejército y los soldados.

Para el efecto es necesario remontarnos hacía el año de 1905, cuando el descontento popular empieza a tomar forma ya ser expresado por las masa enfebrecidas. El 3 de enero de 1905 se inició la huelga en la fábrica Putilov de San Petersburgo. El domingo día 9 (“Domingo sangriento”) las tropas zaristas dispararon sobre una multitud pacífica e indefensa produciendo centenares de muertos y miles de heridos. La huelga se extendió a todo el país durante dos meses.

En junio se produjo el motín de los marineros del acorazado Potemkin en el puerto de Odesa; en octubre la revuelta de las tripulaciones de Kronstadt; y en noviembre la sublevación de once buques en la base naval de Sebastopol. En San Petersburgo surgieron los primeros soviets, de corta duración. El gobierno zarista respondió con una brutal represión.

Años después Rusia ingresa en la Primera Guerra Mundial, lo cual agrava aún más su ya complicada situación social. El ejército zarista carecía de armamento moderno, medios de transporte adecuados, cuadros de mando eficientes, tácticas apropiadas, una red logística, etcétera; sólo contaba con una inmensa masa de soldados dirigidos por una oficialidad inepta, captada entre la corrupta nobleza. Fueron movilizados cerca de quince millones de hombres, conscientes de su escasa valía militar, considerados mera carne de cañón por una oficialidad brutal. El número de muertos, heridos y prisioneros rusos fue aproximadamente de cinco millones y medio de hombres. La cifra de desertores aumentaba incesantemente, extendiendo el descontento y las ideas revolucionarias.

Los soldados carecían de armas y de botas, imprescindibles en el duro clima ruso. Los suministros escaseaban y apareció el hambre. En este contexto, la disciplina militar tendía a quebrarse. Los desertores se contaban ahora por millares. Las divisiones sólo existían sobre el papel, porque en realidad no eran más que una multitud desorganizada, mal alimentada y mal equipada, enferma, indisciplinada y peor dirigida.

En octubre de 1916 el saldo bélico era de un millón ochocientos mil muertos, dos millones de prisioneros de guerra y un millón de desaparecidos. La guerra desembocó en un caos económico. La hambruna azotó a la población y las huelgas se generalizaron. El gobierno respondió enviando a los huelguistas al frente. Se extendió el descontento popular. Los obreros revolucionarios de las ciudades llevaron su protesta a los soldados, que en su gran mayoría habían sido reclutados entre los sumisos campesinos. La rebelión prendió con rapidez entre esos soldados-campesinos. Se organizaron soviets de obreros, soldados y campesinos, y en el ejército sólo se hablaba ya de paz y del reparto de la tierra. Los motines eran habituales.

Tiempo después estalla la huelga del 23 de febrero, la escuadra del Báltico se sublevó y los marineros de Kronstadt fusilaron a cientos de oficiales. La huelga, iniciada por las obreras, se había convertido el 24 en huelga general y luego en la insurrección del día 25.

El 27, los manifestantes asaltaron el Ministerio del Interior y la sede de la Ojrana. Al acabar el día, la bandera roja ondeaba en el palacio de Invierno. Los Romanov estaban a punto de dejar de reinar en Rusia tras 304 años.

Ya en el poder Kérensky  decidió transferir el núcleo de la guarnición de Petrogrado al frente de batalla. (Rusia aún no había salido de la guerra). Los soldados, que no tenían ningún deseo de combatir, se pusieron bajo la autoridad del Comité Revolucionario Militar (CMR); el cuál era un organismo militar subordinado al soviet de Petrogrado y cuya misión era impedir una contra revolución, en esta ocasión, bajo el mando de los bolcheviques, asaltan el palacio de invierno la noche del 7 de noviembre de 1917, y dan el golpe definitivo, instaurando el gobierno socialista revolucionario.

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