Toda prensa, periódico o medio de comunicación, como quiera llamarse, que se precie de ‘libre’ y ‘pluralista’, cuenta entre su personal a aquellos que, efectivamente, trabajan para el medio y otros que suelen ser ‘invitados’. La tarea a ellos encomendada, radica en convencer -eufemísticamente los propietarios hablan de informar– al lector ávido de noticias y, por cierto también, de opiniones para estar al tanto y entender la cotidianeidad local y mundial. Atrás quedó la utopía de laprensa libre el momento en que el poder y los intereses económicos transformaron la ‘opinión’ en mercancía. ¿Y que representa la ‘página de opinión’ de un medio? Qué vacía e inútil suena la aclaración infaltable de “este medio no se responsabiliza por las opiniones vertidas”.
Muy pocos pueden ignorar que hoy vivimos un cambio de época, es decir, un momento histórico de muerte para el status quo que soportaba la sociedad, y, como sucede con todo fenómeno incluido el social, todas las leyes y condicionamientos que lo regulaban, cambian ante las nuevas circunstancias en que se da lo nuevo, lo insurgente. Sin embargo, parte del cuerpo social, la que se resiste a morir, da ‘brazadas de ahogado’ para no sucumbir.
Desde el ascenso al Poder del Presidente Rafael Correa y de la puesta en marcha de la Revolución Ciudadana, el poder mediático ha sido la fuente que alimenta toda una desesperada campaña para impedir su avance, afianzamiento y mucho más, su radicalización y profundización. No llama la atención, es normal –si se quiere- que esta actitud la asuman los voceros más comprometidos con los poderes económicos y quienes en sí mismo representan el status quo; lo novedoso, por así decirlo, resulta la consorte de invitados especiales que hoy, para colmo, se sienten felices de poder leerse ellos mismos en las páginas de la ‘prensa libre’ a la que, en lapsus de lucidez, la llamaron prensa amarilla.
‘Son pocos, pero son’ escribía el poeta peruano César Vallejo de ‘Hay golpes en la vida…’ Básicamente, no provienen de la militancia revolucionaria, han derivado a su condición actual de una academia incapaz de comprender, y menos de asimilar, los profundos cambios sociales que tienen lugar hoy en el seno de la sociedad ecuatoriana, de una intelectualidad ahíta de discusiones de las calendas griegas en las que se sentían a sus anchas. Para quienes si son por lo menos iniciados en las tesis revolucionarias, particularmente del marxismo leninismo, no resulta incomprensible que quienes se escudaban en el pretendido conocimiento de un texto por más oxfordiano que haya sido, en este momento aún no disponen de los elementos intelectuales indispensables para empoderarse de conciencia social. En el Manifiesto Comunista se puntualiza: “¿Acaso se necesita una gran perspicacia para comprender que con toda modificación en las condiciones de vida, en las relaciones sociales, en la existencia social, cambian también las ideas, las nociones y las concepciones, en una palabra, la conciencia del hombre?”. El cambio de época tiene lugar, no por la voluntad de la sociedad y menos aún de una persona, se da por las nuevas condiciones de producción que se han ido generando dentro del propio modo de producción vigente pero ya en proceso de descomposición; son las nuevas formas de producción las que generan el cambio. La intelectualidad, la ‘academia’, es parte de la superestructura social que irremediablemente será, en su momento, reemplazada cuando la base social se haya estabilizado.
Los ‘intelectuales de izquierda’, esa ‘academia de izquierda’ que aún no se percata de los cambios estructurales de la sociedad del S.XXI, puede seguir, hasta que dios los recoja en su seno, felices leyéndose a sí mismos en las páginas amarillentas de una prensa a la que un día la combatieron.
Galo Gallegos H.
Oct./2014



