La ola de solidaridad que se desató en todo el Ecuador, tan solo horas después de ocurrido el terremoto que azotó la costa ecuatoriana, ha disminuido de una forma tan rápida que hoy la gente ya no le preocupa las miles de familias albergadas, los niños que se quedaron sin padres, los padres que se quedaron sin hijos, ya no les importa que el Ecuador se quedó sin cientos de ecuatorianos.
Hoy es más frecuente toparnos con discusiones –sin sentido- como el de la Copa América y la participación del “equipo de todos” en este certamen; es más frecuente encontrarnos con debates de si una tal Liz debería o no desbloquear a un tal Fer; es más frecuente encontrarnos hablando de muchas cosas ajenas al todavía latente dolor que sigue abrazando zonas de desastre en Esmeraldas y Manabí.
¿Qué están haciendo los medios? ¿Por qué ellos también los han olvidado? ¿Acaso ya no “vende” tal noticia?
En un mundo tan incrustado en las redes sociales, tan enajenado por la tecnología que constantemente nos va mostrando cosas innovadoras. El concepto que encontramos de enajenación nos dice que “enajenación es la acción y efecto de enajenar o enajenarse. Este verbo hace referencia a sacar a alguien fuera de sí, producir asombro, privarse de algo o apartarse del trato que se tenía con alguien. La enajenación, por lo tanto, puede estar vinculada a una distracción o a la falta de atención”.
¿De qué estamos distraídos? Dimos la espalda a la realidad, y nos ensimismamos en lo que una pantalla de celular o computador nos dice que veamos y nos importemos. Cada vez vamos haciendo nuestra realidad bajo el molde de lo que un meme nos dice. Dejamos de ver a nuestro alrededor, para solamente ver un cybermundo.
Y claro que sí, claro que las redes sociales y la tecnología sirvió de mucho los primeros días del terremoto. Claro que movilizó a miles de personas que quisieron ayudar. Claro que ese cybermundo por unos instantes sirvió para ver la realidad y nuestro verdadero mundo. Pero así como sucedió el terremoto, tan repentino, tan inesperado, tan contundente, tan determinante, así mismo desapareció y volvimos al “ola k ase”.
¿Cuánta humanidad nos queda para que podemos regresar a la época de las cavernas?
La mentalidad generalizada de que el trabajo voluntario no es más que un par de días, se ahonda aun más cuando tenemos tantos mecanismos de enajenación. El concepto que el recordado Che Guevara diera sobre
el trabajo voluntario, hoy o nadie lo recuerda o a nadie le interesa. Él manifestaba que el trabajo voluntario “se convierte entonces en un vehículo de ligazón y de comprensión entre nuestros trabajadores administrativos y los trabajadores manuales, para preparar el camino hacia una nueva etapa de la sociedad, una nueva etapa de la sociedad donde no existirán las clases y, por lo tanto, no podrá haber diferencia ninguna entre trabajador manual y o trabajador intelectual, entre obrero o campesino.”
Pero antes de ir hasta el nivel de concientización de lo que representa el trabajo en la humanidad, primero deberíamos rescatar la humanidad que parece que se nos va escapando, partiendo de esta primera misión tan importante podríamos pensar en avanzar como seres humanos, como habitantes de un mundo real, despojarnos del cybermundo que va llevando cada hecho a un status de moda pasajera, status del que podríamos decir que fue llevado tan lamentable hecho de aquel 16 de abril.
DM




