Es claro que nada es eterno. Tampoco el capitalismo, a pesar de los esfuerzos de sus ideólogos para contraponerse a la lógica más elemental y presentarlo como un régimen perpetuo. Cualquier persona medianamente informada sabe que la crisis del capitalismo es terminal y, más temprano que tarde, deberá dar paso –obligatoriamente- al socialismo. De allí los esfuerzos de la oligarquía y de sus aliados de pseudo-izquierda para impedir su final inevitable.
Los comunistas ecuatorianos, por el contrario, nos esforzaremos al máximo para darle el final que merece, porque, como decía Marx, el capitalismo es el “más mezquino y odioso de los despotismos”, cuyas ruedas trituran la vida de los ciudadanos. Toda su trayectoria ha sido un reguero de violencia y muerte.
Para alcanzar tan noble fin es preciso alcanzar la más amplia unidad con los distintos sectores sociales que quieren dejar atrás ese oprobioso pasado y transitar por la era de la verdadera civilización. Seguir leyendo



