Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al combatiente de la bruma,
honor al Comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.
Pablo Neruda
A inicios de febrero de 1943, en la ciudad de Stalingrado, las tropas nazis dirigidas por el General Paulus fueron cercadas por el Ejército Rojo lo que provocó su rendición. La Batalla de Stalingrado es considerada como el combate más complejo, importante y sangriento en el contexto de la Gran Guerra Patria. Su valor histórico radica además en que la victoria de las tropas soviéticas sobre las alemanas significó el “inicio del fin” de la Segunda Guerra Mundial y la victoria socialista sobre el nazi-fascismo.
La Batalla de Stalingrado posee elementos particulares sobre las tácticas nazi-fascistas. Uno de los elementos centrales del ejército alemán era la apropiación de esta ciudad para obtener paso necesario hacia el Cáucaso y toda esa región rica en recursos petroleros. Esta tentativa de apropiación de los recursos era acompañado con el intento de asediar ubicaciones estratégicas para la toma de Moscú. A esto se sumaba la campaña de desmoralización hacia el Ejército Rojo, consecuencia de derrotas en batallas anteriores.
Sin embargo, a más de los elementos tácticos (territoriales, económicos, militares, etc), se presenta un objetivo estratégico y vital para la Alemania de Hitler: intentar vencer al socialismo de la URSS. La respuesta de Stalin y del pueblo soviético fue ¡Ni un paso atrás!
En esta batalla, no sólo se encontraba en juego el destino de un país por la defensa de su soberanía, estaba en juego el destino de la humanidad y su auto-determinación por construir un sistema diferente al capitalismo y por ende al nazi-fascismo. Por esta razón, Stalingrado se presenta en el contexto actual como una analogía con el bloque de países progresista de América que buscan su independencia y auto-determinación frente a la dictadura fascista del imperialismo.
Desde que Venezuela abrió el camino para pensar y trabajar por una alternativa frente al neoliberalismo, toda una corriente progresista se extendió por América Latina. El inicio de este ciclo en nuestra región trajo consigo la reacción inmediata del imperialismo (ya no frente al avance del comunismo sino de la alternativa progresista).
La similitud entre Stalingrado y los procesos progresistas de la región – guardando todas las diferencias del caso- contienen aspectos imprescindibles de reflexionar en el contexto actual:
-Así como fue la Batalla de Stalingrado, la región progresista de América se enfrenta, no exclusivamente por la intromisión de un país sobre otro, sino por la disputa entre dos modelos económicos: el imperialismo para imponer su unipolaridad y la alternativa progresista para auto-determinarse, por mínimo que sea su grado de radicalidad.
-La derrota del Ejercito Rojo en Stalingrado hubiera significado el atraco total de las riquezas del Cáucaso. En este sentido la derrota del progresismo en América significaría el saqueo de las riquezas naturales. Además de retomar el puesto del “patio trasero” y conseguir una posición geo-estratégica importante para sus permanentes intervenciones militares en el resto del mundo.
-Frente a factores externos como el invierno y la hambruna que les tocó pasar a los combatientes soviéticos, se generó un alto grado de compromiso y apoyo – no podía ser de otra manera- por parte del pueblo de la URSS. Sin embargo, el papel de la ultra-izquierda y el anti-estalinismo ocupó una posición de ataque a la misma URSS, apoyando “indirectamente” al nazi-fascismo. Actualmente, que América Latina transita en medio de una crisis civilizatoria –específicamente por una crisis económica internacional- y que los gobiernos progresistas han realizado los mejores esfuerzos por superar esta batalla, la ultra-izquierda se ha alineado a los intereses del imperialismo y a los pregoneros del desastre que desean a toda costa el derrumbe de las economías progresistas. Esto no es solo una traición a los principios que dicen defender, es una traición a la patria y al pueblo.
– A lo anterior se sumó una campaña intensa y permanente de miedo y desprestigio, generada por nazi-fascismo contra el pueblo y milicias soviéticas. A pesar de todos estos intentos, la URSS y su ejército contaron con la fuerza moral suficiente para resistir y vencer. En América, los procesos progresistas se encuentran al asecho de toda una ola propagandística por desprestigiar su gestión. Por ello, es necesario acelerar el proceso de depuración, transparencia y combate a la corrupción para contar con la fuerza moral y el respaldo popular que permita seguir avanzando.
– La victoria del Ejército Rojo se generó, no exclusivamente por el manejo del arte militar, sino por el alto grado de conciencia revolucionaria del pueblo y del ejército. Los roles del PCUS (como la organización revolucionaria), el Ejército Rojo y la figura de Stalin cimentaron orientaciones de guerra fusionadas con el pueblo. Abismal diferencia entre las orientaciones de Stalin y las órdenes de Hitler. Por ello, en medio de la batalla económica, los procesos progresistas en América deben generar los mecanismos y organismos para convocar a todo el pueblo al campo de batalla mediante la orientación, explicación y resolución colectiva. Las batallas de la revolución exclusivamente “desde arriba”, por orden o decreto y sin creación heroica y poder popular están condenadas al fracaso.
La alternativa económico-política de América Latina es nuestra actual Batalla de Stalingrado –parafraseando a Atilio Borón cuando se refería a Venezuela como su símil- que debe convocarnos a la Gran Guerra por la Patria Bolivariana por consolidar lo conquistado, radicalizar lo realizado y vencer en unidad.
¡Ni un paso atrás! Debe también ser nuestra respuesta.
Por: Juan Francisco Torres, Secretario Ideológico PCE
Quito, 2 de febrero del 2016

