Las recientes tensiones geopolíticas en Medio Oriente han puesto nuevamente en evidencia el doble estándar con el que las democracias liberales occidentales instrumentalizan la agenda de los derechos humanos. En particular, la narrativa que pretende justificar la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán bajo el argumento de la defensa de los derechos de las mujeres constituye una operación ideológica profundamente contradictoria.
La retórica que presenta a gobiernos como los encabezados por un pedófilo como Donald Trump o un genocida y asesino de niñxs como Benjamin Netanyahu como supuestos promotores de una agenda emancipatoria para las mujeres resulta, cuando menos, paradójica. No solo porque sus trayectorias políticas han estado marcadas por posiciones conservadoras y por el respaldo a estructuras profundamente patriarcales, sino también porque el recurso a la “liberación de las mujeres” ha sido históricamente utilizado como justificación moral para intervenciones militares y proyectos de dominación geopolítica.
Es imprescindible afirmar con claridad que toda forma de opresión debe ser denunciada sin ambigüedades, sin embargo, debemos tener claro que muchas de esas luchas han sido usadas e incluso impulsada por el imperialismo como acción previa de deslegitimación de gobiernos que le son incómodos. Las luchas de las mujeres en Irán por ampliar sus libertades y derechos merecen la solidaridad internacional, sin embargo, reconocer estas luchas no puede conducirnos a aceptar la manipulación de su causa como argumento para legitimar guerras, sanciones o agresiones militares que, en última instancia, terminan agravando las condiciones de vida de los propios pueblos.
En este sentido, resulta pertinente recordar la advertencia de Simone de Beauvoir: los derechos de las mujeres nunca están garantizados de forma definitiva y pueden retroceder en cualquier momento histórico. Pero la filósofa también subrayaba que la emancipación de las mujeres no puede ser impuesta desde estructuras de poder que reproducen otras formas de dominación. Pretender que proyectos geopolíticos impulsados por potencias militares puedan encarnar un horizonte feminista constituye una contradicción difícil de sostener.
El problema radica, además, en la falsa equidistancia que gran parte de los medios occidentales intenta instalar. Bajo la apariencia de un debate sobre valores universales, se construye un relato que oculta las relaciones de poder global y el interés estratégico por el control de territorios, recursos y zonas de influencia en Medio Oriente. En este marco, la causa de los derechos de las mujeres se convierte en un recurso discursivo funcional a un reordenamiento geopolítico más amplio.
La defensa de los derechos de las mujeres debe ser universal, coherente y libre de instrumentalizaciones. Condenar las violaciones de derechos donde ocurran es una obligación ética; pero hacerlo sin cuestionar las agendas de poder que se esconden detrás de ciertas narrativas implica convertirse, aunque sea involuntariamente, en cómplices de una lógica imperial que utiliza la retórica de la emancipación para justificar la guerra. La verdadera solidaridad con las mujeres del mundo pasa por apoyar sus luchas autónomas y por rechazar cualquier intento de utilizar su causa como pretexto para la dominación.





