“Nunca hay que dejar de luchar, aunque en eso se nos vaya la vida”
-Gladys Marín
Si rastreamos el origen del 8 de Marzo, no encontraremos campañas publicitarias ni flores: encontraremos fábricas tomadas, huelgas clandestinas y a mujeres socialistas discutiendo en congresos internacionales cómo acabar con su doble opresión. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora conmemora la decisión colectiva de las mujeres de la clase obrera de organizarse contra el capitalismo, mucho antes de que el feminismo liberal intentara secuestrar su memoria.
El 8 de Marzo nació, pues, como una jornada de lucha de clases contra el capitalismo y la explotación. Las demandas originales fueron claras: igual salario por igual trabajo, reducción de la jornada laboral y derecho al sufragio universal. Desde aquellos primeros pasos, hemos atravesado más de un siglo de movilizaciones exigiendo derechos mínimos y, sobre todo, buscando la abolición del sistema capitalista, entendiendo que este oprime a las mujeres de manera diferenciada. En la actualidad, gracias a los aportes de diversas corrientes teóricas y, fundamentalmente, a la producción de pensamiento surgida desde la lucha incesante de las mujeres, se ha avanzado en la comprensión de la totalidad de la opresión-explotación que enfrentamos día a día. Asumimos, por tanto, que la lucha de las mujeres es necesaria para transformar nuestras relaciones sociales, así como la superestructura ideológica y, en consecuencia, la estructura económica que sostiene el sistema.
Entendiendo el verdadero origen de lo que hoy se ha simplificado solamente como el “día de la Mujer”, no podemos permitir que se vacíe de contenido nuestra lucha ni que esta se vuelva funcional al sistema. Por eso, al conmemorar este 8 de Marzo de 2026, debemos situarlo en su contexto: nos encontramos en medio de una ofensiva imperialista que afecta a todo el planeta, con intervenciones y agresiones en Venezuela, Cuba, Irán, Palestina y otros pueblos que resisten. En algunos casos, como el de Irán, vemos cómo se utiliza cínicamente el discurso de la “liberación” de las mujeres para justificar guerras, invasiones y muertes. Frente a ello, este 8M debe ser un espacio para alzar la voz y denunciar la guerra, que siempre impacta con mayor crudeza sobre los cuerpos feminizados, racializados y empobrecidos. Porque no hay liberación sin soberanía, ni feminismo sin anticapitalismo y antiimperialismo.
Esta perspectiva internacionalista se entrelaza directamente con nuestras luchas locales. Por eso recordamos a las mujeres comunistas de nuestro país: Nela Martínez, Tránsito Amaguaña, Dolores Cacuango y Alba Calderón, quienes lucharon por otro Ecuador, un Ecuador en el que no solo los derechos de las mujeres sean plenamente reconocidos y ejercidos, sino también los de toda la clase trabajadora en su conjunto.
Su legado nos convoca a seguir adelante y nos interpela hoy más que nunca: enfrentamos un gobierno neoliberal que ha eliminado el Ministerio de la Mujer, recortado el presupuesto de los GADs, profundizado una corrupción que opera con GDOs y ha aprobado una Ley Minera que beneficia únicamente a sus intereses empresariales, mientras las muertes de mujeres continúan extendiéndose por todo el país. En memoria de quienes nos antecedieron, levantamos la bandera de la lucha contra este gobierno y contra el sistema que lo sostiene.
En este 8 de Marzo, reafirmamos que nuestra lucha no se agota en reformas ni en gestos simbólicos: asumimos el desafío de transformar radicalmente un sistema que oprime a las mujeres para sostener su propia existencia. Por eso retomamos la advertencia de Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie. Frente a la guerra imperialista, la explotación capitalista y la hipocresía de quienes usan nuestros derechos para justificar invasiones, no hay camino intermedio. O avanzamos hacia una sociedad sin clases ni opresión, o la barbarie seguirá devastando los cuerpos de las mujeres, los pueblos empobrecidos, racializados y la tierra que habitamos. Las calles este 8M son nuestra trinchera, y la memoria de quienes nos antecedieron, nuestra guía.
¡Porque otro mundo es posible, y lo construiremos nosotras!





