Improvisación gubernamental y debilitamiento de la política pública en Ecuador.

Uno de los más importantes logros de la Constitución de Montecristi fue haber hecho de la planificación el eje de la gestión pública, orientando la inversión y el gasto corriente del gobierno central; vinculando a los gobiernos locales y a las instituciones públicas autónomas con los grandes objetivos estratégicos nacionales, para constituir un sistema de planificación que posibilitara la realización del proyecto de país que las y los ecuatorianos ratificamos en el referéndum de 2008.  Y para ello, la Constitución manda que todo gobierno debe elaborar un Plan Nacional de Desarrollo (PND), obligatorio para el sector público e indicativo para los demás sectores.

Lamentablemente, a partir del gobierno de Lenín Moreno, los planes nacionales de desarrollo se han convertido en meros requisitos para que los gobiernos puedan estar habilitados para ejecutar el presupuesto del Estado pero desvinculado de los grandes objetivos estratégicos del plan declarado.  Es a partir de Moreno que el PND dejó de ser instrumento orientador de políticas públicas y pasó a ser un documento olvidado del que absolutamente nadie habla, porque en la práctica no existe.  La planificación fue abandonada para dar paso a la improvisación en el quehacer institucional público.

Ya en la actualidad, en el gobierno de Daniel Noboa, la improvisación se ha desarrollado asquerosa y sorprendentemente de tal manera que las decisiones de la función ejecutiva se han convertido en expresiones estomacales de los intereses y estado de ánimo del gobernante, que finalmente facilitan los negocios de su círculo familiar, alcahuetean a grandes empresas nacionales y transnacionales que medran de los fondos públicos, además de ser las manifestaciones de un auténtico lambón arrastrado para delicia del inquilino de la Casa Blanca.

La violación del derecho internacional con el asalto a la embajada de México; proyectos de leyes económicas urgentes que se burlan de los principios y garantías constitucionales; bonos y medidas clientelares insostenibles de utilidad electoral; ausencia permanente del presidente; ministros que no se entiende porque siguen siendo ministros; ministerios sin el más mínimo sentido de responsabilidad con las competencias que tienen a su cargo; son solo unas pocas muestras del montón de improvisaciones que, más recientemente, se acrecentaron con la guerra comercial arancelaria con Colombia que solo sirve para joder al gobierno de Petro (y de paso a quienes habitamos este desdichado Ecuador) sin duda alguna, por mandato del agente naranja Donald Trump.

Pero cuidado, no debemos creer que la improvisación gubernamental y su desidia hacia las políticas públicas no tienen propósito alguno o que cojudamente destruye su propia imagen; todo lo contrario.  La improvisación gubernamental está orientada deliberadamente a consolidar un gobierno plutocrático y un Estado servil a los grupos de poder económico (sean legales o ilegales), muy a pesar de la vigencia de la Constitución de Montecristi.  Y para eso, es notorio que el gobierno cuenta con expertos de la propagada y marketing político que mantiene ocupado a medio Ecuador, hablando de cualquier otro escándalo o basura mediática para disfrazar a la improvisación de acciones loables; o, simplemente (como lo ha venido haciendo) utiliza la violencia y las instituciones de justicia para aplastar toda protesta o amenaza al proyecto plutocrático.

La improvisación aún puede desarrollarse, pues Moreno, Lasso y ahora Noboa han demostrado que siempre se puede estar peor.

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