Por: Juan Francisco Torres
Militante Partido Comunista Ecuatoriano
Nosotros no hemos replicado al terrorismo con terrorismo. Si nos dedicáramos a hacer terrorismo y responder con terrorismo a los terroristas, creemos que realmente seríamos eficaces terroristas. Que nadie se imagine otra cosa. Si nos dedicamos al terrorismo, con toda seguridad que seríamos eficientes. Pero el hecho de que nunca hemos aplicado el terrorismo. No quiere decir que renunciemos a ello, ¡lo advertimos!
Fidel Castro
Lenin realizó la definición más completa sobre el imperialismo, demostrando científicamente tres contenidos: capitalismo monopolista, capitalismo parasitario o en descomposición y capitalismo agonizante.
El desenvolvimiento de la fase imperialista posee además dos características elementales para garantizar el logro de sus objetivos, por un lado está el consenso generado por el sentido común y la coerción, como determinante en última instancia del orden establecido. En este sentido los momentos del capitalismo transitan en medio de la relación entre el régimen político y la conducción de la economía capitalista.
Una de las características que enfatizó Lenin sobre el imperialismo es el “viraje de la democracia a la reacción” transformación expresada en la descomposición social mediante el incremento exacerbado de los aparatos represivos. El imperialismo, a más monopolizar y mantener el predominio económico, levanta sobre esta una política institucional, acorde a la base estructural, de carácter superestructural -y lo más ingenioso- supranacional, con el fin de mantener y extender la vida del capitalismo.
En el desarrollo del régimen político, en el marco el imperialismo, la burguesía imperialista opta por el terror frente a las situaciones de crisis, entendidas estas últimas como aquel intento de desorden que realice cierto sector subordinado, incluido Estado alguno. La actitud fascista, terrorista y descarada son los métodos para contrarrestar y eliminar cualquier intento de insubordinación amparado en la máscara parlamentaria e institucional con la que oculta el terror.
Ya en 1967 el Che Guevara en “Crear dos, tres … muchos Vietnam” Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental decía: “En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta. El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista”.
Desde que el Comandante Chávez re-inició los procesos de liberación social y nacional a lo largo de la región, se hizo presente una ley histórica que no hay que perder de vista: con el inicio de un proceso revolucionario se presenta a su vez el inicio de procesos contra-revolucionarios.
A lo largo de estas décadas de avance de los procesos nacional – liberadores, el imperialismo y sus instituciones funcionales no han detenido su ataque frontal a los gobiernos que representan estás tendencias. El imperialismo y sus aparatos supranacionales se encuentran estrangulando, cual corporación financiera de competencia de mercado, a los gobiernos soberanos, sea cual sea su nivel de radicalidad.
En los últimos días hemos sido “testigos” de las maniobras imperialistas para configurar golpes de estado, desde lo más ilegitimo e ilegal como Brasil hasta las amenazas más violentas como la Carta Democrática de la OEA hacia Venezuela. Sin olvidar el sinnúmero de golpes anteriores y las intentonas golpistas fracasadas a diferentes gobiernos.
Por ello y con este escenario nos surgen unas inquietudes. ¿Qué significa ser internacionalista actualmente? y ¿Cómo defender lo conquistado?
Frente a los espacios supranacionales de imperialismo, se han logrado construir espacios supranacionales de corte progresista. En primera instancia el burocratismo de estos espacios debe ser suplantado por la ejecución de políticas reales que permitan garantizar el desenvolvimiento de los gobiernos legítimamente establecidos. Por otro lado, los gobiernos deben generar unidad de acción desde diferentes espacios –sobre todo económicos- para no dejar aislado a ningún gobierno fraterno. El reconocimiento diplomático debe ser también la forma de solidaridad concreta. Los espacios supranacionales progresistas deben contar también con Fuerzas Armadas de carácter regional.
La historia nos ha enseñado que el imperialismo no permitirá ningún pequeño espacio de alternativa política frente a su unipolaridad. Desgraciadamente la violencia revolucionaria debe ser tomada en cuenta para garantizar, defender y profundizar los logros realizados por los gobiernos progresistas.
El pueblo conscientemente organizado en todas las formas de lucha, debe asumir su rol de defensa bajo la bandera bolivariana de unidad y anti-imperialismo.
Parafraseando a Fidel y al Che advertimos: Si existe intervención, Venezuela será el próximo Vietnam.
Quito, 31 de mayo 2016



