Resulta singular que hoy nos encontremos recordando los hechos de Stonewall (Nueva York 1969) como el hito que marcaría un nuevo momento en lo que respecta a los derechos de la población sexo-género diversa. Singular pues la referencia a ese “Muro de piedra” evoca la necesidad de destruir las murallas de la discriminación y la LGTBIFobia.
También se torna singular por el hecho que de que el nuevo presidente de los EEUU, nacido en Nueva York, sea la representación de la agenda anti derechos sexuales y reproductivos; así como el impulsor de la creación de nuevos muros de piedra, como el que pretende en México y muros de intoletancia contra las minorías y la población migrante.
Hemos observado como a nivel mundial se han desarrollado eventos conmemorativos por el Día del Orgullo, varios de ellos reprimidos por fuerzas estatales, como en Turquía; mientras que otros han sido convertidos en fiestas para las empresas, que “generosamente” ofrecen su apoyo con la condición de promocionar sus marcas. Y otros actos han sido subsumidos por la agenda liberal que promueve los derechos como la agenda individual de sujetos apartados de los contextos estructuralmente discriminatorios. Finalmente, aunque pocos, también se han organizado eventos profundamente políticos en los que la reivindicación ha sido la denuncia del sistema patriarcal como correlato del capitalismo en el que la condena es a culaquier forma de dominación de unos sobre otros.
Desde esta perspectiva, resulta necesario evocar el concepto de interseccionalidad; para comprender que la defensa de los derechos de la población LGBTI son parte de una agenda emancipatoria que abraza los derechos humanos como premisa para comprender que no existe liberación posible si no nos liberamos de cualquier forma de dominio. Interseccionalidad que nos permite comprender que la lucha no puede estar inscrita en la reivindicación de los derechos individuales, sino guiada especialmente por los derechos colectivos, de tal forma que la opción sexual está condicionada por factores de clase, etnia, nacionalidad, religión, etc.
Es por ello que la celebración del Día del Orgullo no es exclusiva de la población LGBTI sino de todas las personas que reconocen en el capitalismo heteropatriarcal al enemigo de las causas de la humanidad.
Como ya lo dijo Millet, “lo personal es político” y en tanto político nos interpela a tomar una postura: estar con las agendas de la emancipación y por el fin de la explotación, o en contra. O somos parte de la solución o somos cómplices de las injusticias que se cometen en el mundo.



