¿Hablamos de Brecht?

Queridx -como diría Cortázar – “pálido y frío lectorx”, permítame escribir con estas X que me facilitan referirme a todas y todos los que me leerán. De paso que salgo de la formalidad académica en la que me encuentro y además de escribir, permitirme abrir lentamente la puerta para invitar al diálogo.

En el 2014 por un azar de la vida, tuve la oportunidad de conocer a José Sanchís Sinesterra en Buenos Aires. Cuento esto porque es la primera y única vez que alguien me habló en serio de Bertoldo. Sanchís, por demás conocido dramaturgo y director de teatro español (aprovecho para recomendar leer la obra “Ay Carmela”) hizo un recorrido por sus principales autores, entre ellos Brecht. Me animaría a decir que el “teatro épico” es algo así como una antítesis frente al Teatro Clásico de Stalivsnaski y sus continuadores que en su vena tenía la ideología dominante, la clase burguesa, y la aristocracia. El teatro épico es una alternativa artísticamente histórica, que comporta un elemento clave que es el “extrañamiento”, es decir tratar de llevar sobre las tablas una realidad que adquiere una forma diferente hacia el público para que la actividad artística pueda convertirse realmente en un espejo. La figura de “extrañamiento” está vinculada posiblemente con la “objetividad”, es decir trabajar en una construcción teatral de forma objetiva que nos permita representar una realidad, que al estar distante está más viva, de tal forma que permita conocerla y proceder a transformarla. Sin embargo el problema va más allá, una cosa es intentar entender el “teatro épico” desde una postura meramente académica, y otra es instruirnos hacia él desde una perspectiva política, es decir con una consciencia de clase. Esto es precisamente de lo que carecen la mayoría de libros o textos que uno puede abordar, y cuando uno más comienza a hurgar se va dando cuenta como siempre en esta clase de genios que las ideas deben ser entendidas de manera más responsable. No merecen, menos en nuestro contexto, análisis artificiales. Es por eso que he desistido de ello.

Tengo gusto de escribir este texto desde Europa, porque volviendo a aquel encuentro en una conferencia con Sanchís, quisiera compartirles lo siguiente: Él comentó que desde hace algún tiempo estaba fascinado con Cortázar sin embargo no entendía porque el “Cronopio Mayor” estaba a favor de Cuba.

Tampoco porque estaba a Bequett (Teórico del teatro de lo absurdo) luego en una época estaba tan comprometido políticamente. Por supuesto intenté explicárselo, pero es algo que gran parte de lxs europexs no se anima a comprender, y quizá es por ello que al día de hoy, son víctimas del acoso mediático que hoy golpea a Venezuela. Pero además, me parece que el problema central, por el que no podemos enfrentar ese acoso y manipulación, está en que muchos elementos desde los que se desprende los principales teóricos y artistas que han sido marxistas, ni nosotros mismos los entendemos, por eso balbuceamos a veces sus teorías y sus conceptos. Error que no podemos seguirnos permitiéndolo, en el marco de una de las batallas que debemos dar, la batalla de las ideas. Ya reclamaba Lenin en aquel discurso a los jóvenes comunistas, que no podemos ser simples exegetas del comunismo, debemos ser constructores y construye quien entiende. Es por ello que en este texto me ha sido imposible cabalgar hacia explicaciones o reseñas de hombre que si bien conozco teóricamente, no lo domino. Por eso como he dicho, abro lentamente la puerta para la discusión.

Invitadxs a la mesa a discutir, en medio de un café por ejemplo, les propongo este texto del Subcomandante Marcos (habrá quien siga juzgando que el EZLN es postmoderno, ¡va bien! Es una rica discusión también. ¡Más café!), es un fragmento de “Una certeza, dos dudas y una carta inconclusa”. Tan solo un elemento que me interesa resaltar, “Durito” es un personaje de la literatura de Marcos, que aparece varias veces en “los otros cuentos”, Durito es un escarabajo de la selva Lacandona, su personalidad es la de un sabio de la izquierda alguien que se bate entre la sabiduría y la picardía, va cargado de su pipa y de sus anteojos. El Sup, logra hacer dialogar a “Durito” con “Bertoldo”, quien saca sus argumentos desde un texto llamado “la novela de los tuis”. Los Tuis, son una palabra que define al artista mercenario, mercader, al intelectual sin compromiso. Bueno sin más ni más, aquí se los dejo.

III. DUDA DOS: EL OTRO DEBATE O EL DIÁLOGO IMPOSIBLE ENTRE BERTOLT BRECHT Y DON DURITO DE LA LACANDONA

Si, como tal vez no dijo Julio Cortázar, la naturaleza imita al arte, quienes escuchan o leen este texto estarán de acuerdo en dar la debida credibilidad al siguiente diálogo entre Bertolt Brecht y alguien que se parece extraordinariamente a un escarabajo.

Se dio en el café “Comandanta Ramona” que está junto con pegado de la tiendita “El Rincón Zapatista” que, como su nombre lo indica, está en un rincón de la calle Zapotecos, en la colonia Obrera de Ciudad de México. El “Rincón Zapatista” está, en estos días, literalmente asediado por diversas corporaciones policíacas. Ignoro la causa, pero, es un supositorio, tal vez se deba a lo que ocurrió esta madrugada.
Estaba lloviendo. Como no había quién atendiera, me tocó hacerla de mesero. Así que yo fui testigo. Bertolt Brecht pidió un café vienés (que no hay en el menú, así que le puse helado de fresa, porque el de nuez es, ése sí, propiedad privada) y Durito ordenó un café capuchino con harta azúcar. Los dos pidieron cuernitos con jamón y queso, pero Durito se empacó las dos órdenes.

No sé bien cómo empezó, pero lo que logré apuntar, fingiendo que escribía en la libreta la cuenta de lo que Durito se empacaba con singular alegría, es lo siguiente:
Durito: A ver Bertoldo, de por sí es un cuete entender a los intelectuales y todavía tú lo complicas más con eso de “tuis”. ¡Cómo que “tuis”? Parece nombre de chicloso.
Brecht: Tuis era el nombre que se daba en Chima, uniendo las letras iniciales, a los miembros de la casta de los “telect-ua-ines”, los trabajadores intelectuales. El Tui es el intelectual de esta época de mercados y mercancías. El arrendador del intelecto. (Bertold Brecht. La novela de los Tuis”. Alianza Editorial, Madrid 1991. Traducción de Juan de Solar. pp. 32 y 47.)
Durito: O sea que como quien dice, los “tuis” son los intelectuales orgánicos del dinero. Ya decía yo que para ser chiclosos les faltaba cajeta. Eso quiere decir que tenían palancas, se iban a tomar las copas con el Carlos Slim, sacaban su tarjeta de “cliente distinguido” de Wal-Mart, y ya luego a la escribidera. Por ejemplo, en esa novela que no acabaste de escribir y que, si echamos trato, yo estoy dispuesto a terminarla.
Brecht: Por lo cual le estaría profundamente agradecido.
Durito: No, que agradecido ni que nada, hay que mocharse con un porcentaje de las regalías, para juntar el varo para la fianza de l@s pres@s de Atenco.
Brecht: Mmh… ¿Aceptaría usted un cheque?
Durito: ¡Uy no mi buen!, esos rebotan más que el balón de futbol en las redes de la portería de la selección mexicana. Mientras pienso cómo te cobro, síguele con tu rollo, mientras yo le hago los honores a los cuernos de mi escudero.
Yo, el Sup, no dije nada, pero con discreción me toqué la frente, por aquello de que no me fuera a atorar en la puerta… Mmh… Aunque tal vez Durito se refería a los cuernos de jamón y queso.
Durito: Bueno Bertoldo, decías que esos tuis…
Brecht: Sí, “provistos de la totalidad del saber y expertos en todas las prácticas literarias, eran los administradores de la cultura y de la vida comercial y mercantil al mismo tiempo. Su única arma era el espíritu. La palabra ‘telect- ual- ines’ significaba trabajadores de la mente, discernidores, diferenciadores y, más precisamente aún: formuladores.” (Ibid.)
Durito: Mmh… El “bisnes” de la pensadera, la grandeza del espíritu en proporción directa a la de la cuenta bancaria. Pero ellos dicen que buscan la libertad de la idea, la supremacía del espíritu sobre la materia, que la conciencia determina al ser social.
Brecht: “El espíritu precede siempre a los hechos, pero no como un tractor, sino como un perro que hiciera cabriolas.” (Ibid.)
Durito: Como un desfile anunciando la presentación de un circo. Me temo que estamos rozando peligrosamente el tema de las próximas elecciones. Y ahora la novedad del fascismo en tres pistas…
Brecht: “Lo ‘totalmente nuevo’ de la fascistización son las líneas directrices de la dominación capitalista que surgen ahora nítidamente y en toda su desnudez, unas líneas que siempre habían existidos y habías sido respetadas por los tuis de la ‘gran’ época de oro. Se engañan muy seriamente respecto a las posibilidades de progreso y libertad espiritual bajo esta dominación.” (Ibid.)
Durito: Entonces para ser intelectuales son bastante mensos. Oí Bertoldo, ¿estás diciendo que no hay cambio de rumbo, por más que se cambien el caballo y el jinete?
Brecht: “El ‘nuevo’ espíritu que hace su aparición no sólo no modifica las relaciones fundamentales, sino que las conserva incluso mejor.” (Ibidem).
Durito: ¿Mejor? ¿Quieres decir más orden?
Brecht: Con todo lo que necesita el sistema para mantener y reproducir las relaciones de explotación. Ejemplos: “Tras la proclamación de la República, el orden imperante en China fue adquiriendo un carácter cada vez más desenfrenado. La secular actividad de los tuis empezó a dar sus frutos. Ya casi no había hierba alguna que comer, pero las mujeres se repartían números entre ellas y, siguiendo un orden riguroso, se paraban frente a las tiendas vacías y se iban con las manos también vacías, respetando el orden de los números. Las fábricas cerraban porque los altos mandos del ejército ya no compraban nada. Los obreros llevaban sus relojes de control a las plazas públicas y se plantaban allí cada mañana, tiritando en el frío de un invierno cada vez más intenso. Y los que enfermaban de gripe iban muriendo en el mismo orden numérico que tenían sus camas de hospital.” (Ibid.)
Durito: Mmh, por eso los tontulines esos se preocupan tanto por el desorden…
Brecht: Otro ejemplo: “El gobierno de Wei-Wei se fijó como meta conceder al espíritu el papel de guía en todos los asuntos públicos. Se empleó como carteros a maestros del estilo epistolar que habían obtenido el doctorado en filología y tenían, además, letra muy bonita. Algunos geógrafos pasaron a conducir locomotoras. El gobierno tenía muy claro que esa gente era capaz de conducir los trenes a su destino preciso de manera totalmente distinta a como lo harían personas no versadas en geografía […] Como las capas más pobres de la población se quejaran en el Parlamento de que nunca veían un trozo de carne, el gobierno respondió con el nombramiento de cientos de zoólogos que empezaron a impartir cursos vespertinos al pueblo. Todos obtuvieron así pronta información sobre los bueyes y terneras, y muchos ampliaron incluso sus conocimientos en la materia recabando datos sobre animales de países exóticos o sobre la fauna de épocas pretéritas.” (Ibid.)
Durito: ¡Pero eso es una estupidez gigantesca!
Brecht : “La estupidez se vuelve invisible al adquirir proporciones muy grandes. Las afirmaciones incongruentes son irrefutables. Ni-en-leh señaló que un filósofo podía tener dificultades si afirmaba que dos por dos es igual a cinco, mientras que corría pocos riesgos sosteniendo que dos por dos es igual a betún para calzado.” (Ibid.)
Durito: Mmh… Por cierto, ya necesito darle lustre a mi caparazón. Pero los intelectuales del dinero están en contra de los actos inhumanos.
Brecht: “Están contra la antropofagia en la provincia de Chen. Pero respetan las leyes. Se someten a una disposición según la cual la gente bien vestida debe hacerse afilar los dientes, y exigen que los mal vestidos cumplan con la ley según la cual deben mantenerse limpios y evitar determinados alimentos que les ensucien la carne. Un desacato a las leyes (ilegalidad) pondría en peligro su lucha por cierto tipo de vida humana amenazada.” (Ibid.)
Durito: ¿O sea que no hay diferencia entre un adulador pagado por un partido político y un chicloso de las ideas?
Brecht: “A menudo nos preguntamos si el arte del lameculismo supone un talento innato […] En realidad, la mayoría de la gente puede llegar a un grado medio de lameculismo, no del todo desvalido, dando simplemente rienda suelta a sus inclinaciones naturales. Algo muy distinto ocurre con el arte del lameculismo: hay que aprenderlo, y para ello hace falta asiduidad, sobre todo. Sólo el ejercicio y la perseverancia permiten sobrepasar el lameculismo vulgar y corriente, y sólo cuando la imaginación se aúna a la paciencia, se accede a la maestría. […] El lameculismo practicado como arte crea formulaciones originales, características sentidas en profundidad: da forma. Por lo demás, el arte del lameculismo se encuentra entre las pocas artes que dan de comer.” (Ibid.)
Durito: No, pues estás cabrón Bertoldo. Si todo eso que dices se conociera ahora, más de uno brincaría, y no de gusto. Mira, si vas al panteón frente a la cárcel de Santiaguito, tal vez te haga un descuento por terminar la novela ésa de los chiclosos tontolines.

Se despidió Brecht y Durito se puso, dijo, a hacer la digestión. O sea que se quedó jetón. Yo dejé los platos sin lavar porque mi turno ya había terminado.
Afuera la madrugada era una duda sin resolver…

c. David Añazco

Comisión Nacional ideológica

Partido Comunista Ecuatoriano

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