El sentido estratégico de la unidad en la disputa electoral.

La coyuntura política actual y el escenario electoral de segunda vuelta evidencia la necesidad urgente de una unidad de los sectores de izquierda, progresistas y democráticos para evitar que se consolide en el gobierno la propuesta neoliberal. La lucha contra este modelo económico no es solo una disputa ideológica, sino una batalla por la vida, los derechos y la soberanía.

El resultado electoral indica que aproximadamente un 6% de los votantes respaldó un proyecto de izquierda, lo que, aunque insuficiente para un triunfo electoral por sí solo, demuestra que hay un sector con convicciones firmes que puede ser el punto de partida para una articulación más amplia. Electoralmente los progresistas, no revolucionarios, pero si antineoliberales, requieren sumar electoralmente para ganar la segunda vuelta a la izquierda revolucionaria y nosotros sabemos que nuestros votos son claves para ese triunfo.

Para lograr esta unidad táctica es indispensable un acuerdo político basado en compromisos claros, públicos y firmes, vertebrados por la defensa de la Constitución de 2008 y orientados hacia la lucha contra el crimen organizado, la expulsión de mineras transnacionales, el freno a los tratados de libre comercio que perjudican la producción nacional y la recuperación de las capacidades del Estado para garantizar los derechos del pueblo y controlar la economía. Estos puntos permiten construir una agenda de resistencia al modelo neoliberal y, al mismo tiempo, consolidar una visión alternativa de desarrollo basada en la soberanía, la justicia y la redistribución de la riqueza, en definitiva, ese es el sentido estratégico que planteamos.

Ganar las elecciones puede ser el primer paso para pensar en una unidad en sentido programático sin renunciar a la agenda revolucionaria y reivindicativa que nos impulsa no solo a desterrar el neoliberalismo sino a construir el socialismo en nuestro país. En un primer momento, para detener y revertir las políticas neoliberales el gobierno progresista podría con la izquierda puede establecer acuerdos políticos. En este sentido, la responsabilidad de los liderazgos políticos es fundamental para garantizar un acuerdo programático que no se desintegre ante los primeros obstáculos. La transparencia y el compromiso con las demandas populares deben ser los pilares de esta articulación.

Posiciones de nulo “ideológico” o la espera pasiva del caos político solo favorecen a la derecha privatizadora y a las fuerzas del neoliberalismo. La fragmentación de los sectores progresistas y de izquierda es funcional al mantenimiento del statu quo, mientras que la unidad de la izquierda para impulsar un acuerdo táctico y estratégico con el progresismo puede generar una mayoría sólida capaz de disputar el poder político. Además, una alianza estratégica de la izquierda permitiría construir una agenda legislativa y de políticas públicas que materialicen los compromisos asumidos.

El carácter programático de esta unidad debe incluir una agenda de recuperación del Estado como garante de derechos. La reversión de las políticas de privatización, la defensa del acceso universal a la salud y la educación, la garantía de derechos integrales para mujeres, niñez y juventud, y la protección de la soberanía nacional son elementos esenciales para diferenciar este proyecto político del neoliberalismo y generar adhesión popular.

Finalmente, la unidad de la izquierda y el acuerdo con el progresismo no es una opción, sino una responsabilidad histórica. No se trata solo de una estrategia electoral, sino de una necesidad para la defensa de los derechos conquistados y la construcción de un futuro digno para las mayorías. La disyuntiva es clara: o avanzamos juntos, o nos arrebatan el futuro. La decisión está en manos de quienes aspiran a un país más justo y soberano.

Instagram Facebook Twitter
Scroll to Top