Marx decía que la historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como sainete.
Desde los años 80, en el Gobierno de Oswaldo Hurtado, Ecuador ingresa oficialmente al neoliberalismo. Las política económica neoliberal se caracteriza por excluir al Estado de la participación económica (inversión, producción -peor aún- distribución). En resumen es reemplazar la presencia del Estado por la del mercado.
Los ideólogos neoliberales, “Chicago Boys”, revivían las tesis económicas de Smith argumentando que el mercado es el mejor regulador e incentivador de la economía. Con este planteamiento -a su vez- ocultaban con las leyes de oferta y demanda del mercado el problema primario de la economía capitalista: el plusvalor.
Los discursos y ofrecimientos centrales del neoliberalismo se basaron en la modernización y modernidad, la vinculación con el mercado mundial, el desarrollo tecnológico, la acumulación de capital, la transferencia de conocimiento, etc. Esto a cambio del olvido y pérdida de la participación del Estado en la vida económica.
Desde la misteriosa muerte de Jaime Roldós -con la posible participación de la CIA y el Imperialismo Norteamericano- y la subida al poder de Oswaldo Hurtado, el rimbombante tren del “progreso” neoliberal nos daba la bienvenida en los vagones privados y extranjeros para llevarnos a la civilización moderna.
El punto de partida del neoliberalismo era -y continua siendo- abrir las fronteras económicas (y cerrar las de la movilidad humana) al capital e inversión extranjera. Pues, utilizando la facilidad de los silogismo, “si viene mayor inversión extranjera, habría mayor dinero y por ende mayor fuentes de empleo y riqueza”, los neoliberales generaron una ilusión y esperanza colectiva en la sociedad ecuatoriana para legitimar la hipoteca nacional.
Durante -aproximadamente- 30 años, el sueño de la iniciativa privada se transformó en pesadilla. Los monopolios privados y extranjeros abarcaron los sectores estratégicos del país sin generar ningún beneficio al desarrollo de la economía ecuatoriana. Peor aún, negociaciones con empresas privadas con recursos públicos fueron de poca transparencia, algunas vendidas a precio de “gallina enferma”, sin olvidar, la peor crisis económica del país, donde hasta la quiebra de los bancos privados fue asumida por el Estado y la ciudadanía en general.
A más de todo lo anterior, el supuesto de transferencia tecnológica se convirtió en la exclusión de las dinámicas, identidades y saberes históricos y originarios para imponer los del “occidente desarrollado”.
En resumen, las recetas neoliberales de privatización fueron todo lo contrario a los ofrecimientos de inicio. Los horizontes de modernidad, justicia, dignidad y soberanía se alejaron abismalmente del Estado ecuatoriano.
Con la Revolución Ciudadana inicia un periodo de transformación y cambio de la economía y política neoliberal. Un periodo posneoliberal y de transición.
El Partido Comunista Ecuatoriano basado en los principios de la Revolución Nacional Democrática con sus cinco contenidos: Anti-imperialista, Anti-oligárquica, por la Reforma Agraria, Democrática y Nacional – Popular; como transición al Socialismo, defiende y forma parte de la Revolución Ciudadana por contar con coincidencias esenciales y programáticas de lucha.
Sin embargo, en la coyuntura actual, donde se intenta retomar y revivir algunas ideas del fallido neoliberalismo vale la pena algunas reflexiones para no repetir la historia como un sainete.
1.- En el contexto mundial, pensar en una economía sin inversión privada es altamente descabezado. El problema central no se halla en el acto a priori de la inversión privada, sino, en el rol del Estado. En el periodo de transición, el Estado, debe asumir irrenunciablemente la construcción del desarrollo nacional (económico, jurídico y cultural) pretender considerar que la inversión privada -cuyo rol es la ganancia particular y acumulación de su capital- tiene que asumir el desarrollo nacional es muy alarmante, no solo porque es confundir roles sino porque apenas hace menos de una década lo experimentamos en la noche neoliberal no funcionaron. El capital de inversión extranjera no creará una economía nacional de prosperidad y justicia.
2.- Por el mismo hecho que la inversión privada extranjera no posee el objetivo ni rol de desarrollo nacional sus inversiones serían destinadas a los sectores de mediano y alto desarrollo para garantizar sus ganancias. Con esto se generaría una mayor desigualdad con sectores económicos (industriales y tecnológicos) poco desarrollados como el agro. A los inversionistas extranjeros no les importa el desarrollo nacional -no porque sean malos- sino porque no es su rol. El Estado debe generar las condiciones de reducir brechas entre los sectores económicos altamente modernizados con los sectores económicos de subsunción. La variedad económica del país debe ser tomada en cuenta ante un posible margen del desarrollo desigual.
3.- El Estado debe asumir el momento de transición y la tarea de desarrollo y progreso de la modernidad vinculada con la economía comunitaria, micro-productiva, artesanal, etc. y consolidar la economía popular y solidaria en conjunto con la planificación democrática como espacio de generación y regulación de las nuevas relaciones productivas.
4.- El desarrollo de las fuerzas productivas no significan por si solas el éxito de algún proceso revolucionario. De la misma manera, la exclusiva política de redistribuir la riqueza para mejorar las condiciones de vida no significa que sea Socialismo. Durante la Revolución Ciudadana ha existido un alto incentivo al desarrollo industrial y tecnológico, además de un alto mejoramiento de la calidad de vida de las y los ecuatorianos que es muy reconocido, sin embargo, elevar la conciencia social es un imperativo para seguir consolidando el proceso, inclusive para entender y legitimar cualquier medida necesaria frente a momentos de crisis. El poder popular con conciencia revolucionaria debe ir de la mano con el desarrollo de las fuerzas productivas que permitan generar procesos de acumulación y satisfacción de las necesidades básicas de toda la población.
5.- La unidad y alianzas deben pasar del discurso a una verdadera práctica política, la unidad de acción es la finalidad de las alianzas, por tal motivo, hacer valer los espacios de unidad no es un simple acto de respeto a los aliados sino la garantía de continuar siéndolo mediante la toma de decisiones políticas y en política pública. Hay que superar la democracia representativa y participativa y generar una democracia resolutiva donde los aliados sean parte de la resolución y no solo de una estéril participación.
6.- Al capitalismo no se pueden superar con más capitalismo. La historia nos demostró los efectos devastadores de las políticas privatizadoras del neoliberalismo. Pretender revivir a un muerto que costo tantos años enterrar con los votos del pueblo es olvidar que “la crisis se genera porque lo muerto no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”. Por eso, al socialismo con más socialismo.
Para finalizar, es importante debatir y reflexionar cual es el nuevo rol del Estado. Su razón de ser en los actuales momentos no es solo de administrador o regulador, sino, el ente hegemonizador de la economía y las nuevas ideas que logren aglutinar y encaminar a los amplios sectores populares. El Estado como un transformador que dirija el camino a una modernidad a la ecuatoriana, rompiendo los esquemas de una linealidad moderna de la historia, que supere las limitaciones y fortalezca las potencialidades propias de la sociedad ecuatoriana, que tenga una presencia protagónica en la economía nacional y a su vez diversifique y democratice el poder económico.
Ecuador necesita un Estado que asuma las críticas pero sobre todo que realice auto-críticas de forma transparente, sin este principio es imposible caminar en el periodo de transición.
En la aguda coyuntura por la que atraviesa nuestro país, confiamos y tenemos esperanza en las palabras del Presidente Rafael Correa: “El pasado no volverá”.
Secretariado Nacional
Comité Central
Partido Comunista Ecuatoriano
Quito, 20 de octubre de 2015


