¿Tous sommes Charlie?

David Cameron, Premier de Inglaterra, ha declarado: “Creo en una sociedad libre, hay derecho a ofender a las religiones. Yo soy cristiano”! ¿Quién le concedió ese derecho? ¿Su majestad, la Reina de Inglaterra? En todo caso, no ha sido el Papa Francisco, pues el pontífice ha condenado los hechos sucedidos en torno a Charlie Hebdo.

Juliete Binoche, la celebrada actriz francesa que nos regalara esa bella y recordada película Chocolat, puso no hace mucho sobre la mesa de discusión un tema nada fácil de digerirlo: el terrorismo. Y lo hace desde el papel de una reportera irlandesa que de Dublin viaja a Afganistán para, con ayuda de su cámara fotográfica, llamar la atención del mundo sobre lo que sucede en un país invadido por las fuerzas aliadas bajo el mando de los EE.UU. Con audacia y a riesgo de perder la vida, recoge el video-testimonio del ritual que debe cumplir una joven mujer, previo el cumplimiento de su acción suicida: yace inmóvil al fondo de la fosa abierta durante el ritual islámico con el que sus familiares más íntimos la despiden pues saben que este es su último encuentro, cumplido el cual se levanta, sale de su tumba y es equipada con la mortal carga que hará explotar en el lugar escogido previamente. La reportera insiste en acompañar a la suicida hasta el último instante y solo cuando ya están en el lugar del atentado,  baja de la furgoneta y se aleja rápidamente para poder registrar la escena producida por violenta explosión. Junto con los ‘terroristas’ –el chofer de la furgoneta y la mujer portadora de la carga- las víctimas del atentado configuran un cuadro de terror que en instantes recorre el mundo. Sin embargo, pese a que la reportera irlandesa entrega el material gráfico y escrito preparado para explicar el sacrificio de quienes se resisten a vivir bajo el dominio y la opresión de las fuerzas extranjeras que controlan Afganistán, los dueños del medio irlandés se niegan a publicarlo porque ‘el embajador norteamericano en Irlanda considera que se trata de una apología del terrorismo’.

¿Quiénes son los terroristas? Acaso los bonzos vietnamitas que se inmolaban en impresionantes piras humanas en protesta contra la invasión norteamericana en Saigón? O, ¿los maquis franceses que luchaban ferozmente contra la invasión nazi en Francia? O, ¿Sandino, el General de Hombres Libres, que expulsó a los marines yanquis de su entrañable Nicaragua? O, ¿los militantes de la izquierda argentina que eran lanzados al mar desde los aviones militares en tiempos de la operación Cóndor en el cono sur de América? O, ¿los niños, mujeres y ancianos que fueron asesinados por los soldados israelitas en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila en la capital de Líbano? O, ¿Víctor Jara el cantautor chileno que luego de ser mutilado fue ametrallado por la soldadesca de Pinochet en el estadio de Santiago? O, ¿los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en medio de la connivencia del Estado mexicano y las mafias del narcotráfico? O, ¿el niño que fue asesinado en EE.UU. por la policía porque jugaba con una pistola de juguete?

‘El Estado de la Razón acabó en un atasco’, señalaba F. Engels al comentar el destino que había recorrido el Contrato Social de la Revolución Francesa, para luego agregar ‘La paz eterna prometida se transmutó en una inacabable guerra de conquista’, guerra que hoy es total y en la que el insaciable capital financiero ha involucrado a la propia supervivencia de la especie humana. ¿Es acaso esto motivo de mofa o burla? ¿Debemos sonreír ante la desesperanza? Saramago se preguntaba ¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

 Non, je ne suis pas Charlie!

Je aime beaucoup la Prise de la Bastille!

 

c. Galo Gallegos H.

 

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