El 3 de enero de 2026 se ha convertido en el parteaguas de una etapa histórica en el comportamiento del hegemón regional, es decir, los Estados Unidos de América, así como para el hemisferio occidental en cuanto a la ficción y continuidad del “consenso” de las democracias liberales burguesas ratificado desde el final de la Guerra Fría. La historia es objetiva al advertirnos de las decenas de invasiones, intervenciones y sabotajes que desde la Casa Blanca se han orquestado en casi 240 años de historia, siempre que sus intereses (y los de sus oligarquías gobernantes) así lo requirieron.
La aplicación actualizada y la delimitación de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”, pero solo para los estadounidenses) se expresa claramente en los documentos públicos de la doctrina militar estratégica para la región. El nacionalismo anti globalista del lobby republicano manejado por Trump, Rubio, Noem, etc., evidencia la preocupación por recuperar la presencia en su “patio trasero”, retomar el control de su “isla-nación” o, si somos más claros, su Lebensraum (espacio vital). Lo sucedido en Caracas marca una nueva fase de dominación, en la que las viejas estructuras del paradigma de mundo “bipolar” y cualquier ficción de derecho internacional público han sucumbido al casus belli arbitrario, propio del imperialismo más desaforado e irremediablemente superado por la coyuntura del mundo “multipolar”.
La preocupación de los liberales defensores del mundo-paradigma “ONU” y de las posturas acomodadas a la denuncia sin compromisos y a la oposición que no causa molestia, es que este hecho devela el carácter real y esencial del imperialismo, que evidentemente puede saltarse cualquier ficción de derecho, acuerdo, carta o tratado cuando el interés interno (económico, político, militar) así lo requiere.
Nos encontramos ante una etapa en la que es “válido y permitido con impunidad” regresar a la demostración de poder como fuerza y capacidad militar. Los EEUU saben que su hegemonía se sostiene como consenso, cohesión y violencia y que el avance de la influencia de China y Rusia es ya una amenaza latente en otras regiones, por lo que se debe generar un “cordón sanitario” en su hemisferio.
Ante la coyuntura, debemos estar preparados y conscientes de que no hay “nada nuevo bajo el sol”. Luego de las experiencias progresistas, toleradas hasta cierto límite por los mismos EEUU, nos encontramos ante un nuevo proceso de “encuadramiento”, facilitado por la victoria electoral (nada casual) de recalcitrantes cuadros de extrema derecha en varios países de la región, en tanto que dicho “viraje” anunciado como la “derrota del comunismo”, por los think tanks y voceros del imperialismo es una estrategia de reacomodo para establecer una disyuntiva derecha-progresismo abstraída de la disputa real de clase y que impida la emergencia de alternativas revolucionarias.
En el mundo en el que “se vale todo”, como secuestrar a un jefe de Estado y enjuiciarlo bajo leyes locales, asaltar una embajada o ignorar cualquier principio de debido proceso, debemos estar listos para no enfangarnos en la lucha por lo “abstracto”, como la democracia o los DDHH en sí; pues justamente lo que Trump nos acaba de reafirmar es que es el fin del periodo del consenso de la ficción liberal (en lo político, jurídico, ideológico, etc.), por lo que nuestro horizonte estratégico debe reafirmarse en “el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” y no en su manutención.





