La crisis institucional en desarrollo, como producto de la jornada de movilización de octubre y los resultados de la consulta popular convocada por Daniel Noboa, se ha mantenido en un marco relativamente controlable. En este, el gobierno, por medio de su aparataje comunicacional y sus operadores políticos, ha logrado mantener consolidado el bloque en el poder. Los diversos sectores de la oligarquía, que se habían mantenido en movimiento y en parcial disenso con el sector gobernante, fueron rápidamente encuadrados de vuelta mediante acuerdos (reparto de espacio, remisión de intereses, etc.) y algo de coerción. Esto pese a que, sobre todo los sectores de la oligarquía quiteña y socialcristiana, habían realizado campaña por el “No”, lo cual no significaba que estuviesen absolutamente en contra de la constituyente o de las bases, sino que no estaban de acuerdo con la forma de la convocatoria y el balance de fuerzas que hubiese generado: la consolidación de la dicotomía correísmo versus anticorreísmo, entre quienes existe un pacto de gobernabilidad.
Por otro lado, el campo popular se mantiene con latentes contradicciones. Primero, entre los mismos sectores de la masa, que siguen la tendencia a la polarización generada por el pacto mencionado, alimentada por un agresivo ejercicio comunicacional y propagandístico. Segundo, los sectores de “vanguardia” se encuentran fragmentados, incapaces de plantear un programa de unidad táctica, mucho menos estratégica, lo que evidencia su desorientación. Unos prefieren seguir siendo la cola del correísmo, pues a su criterio la contradicción del periodo histórico actual gira en torno a democracia versus neoliberalismo y seguridad, por lo que el “progresismo” enarbola la bandera de dicha “democracia” burguesa y liberal que promete salvarnos de la crisis. Otros, como nuestro Partido, entienden que es necesario plantear el debate y los elementos políticos para construir un proceso de unidad estratégica que compacte y articule, alrededor de un programa común, a los sectores de avanzada. Esto con miras a consolidar primero un tejido social organizativo y combativo, que supere los límites históricos del progresismo, objetivo estratégico fundamental.
Mientras Noboa y sus operadores trabajan sin descanso para evitar y reparar cualquier fisura en el bloque dominante, y mientras generan una ruptura constitucional pasiva en línea con lo dispuesto por el imperialismo yanqui, en el campo popular mantienen una alta dispersión. Lo logran mediante la cooptación, desarticulación, desfinanciamiento, criminalización, entre otras acciones en contra de las organizaciones sociales y partidos, y en el desarrollo de su falsa “dicotomía” con la RC5. Debemos entender que la resolución dialéctica de este momento pasa por superar la alta dispersión de nuestro bando, el campo popular, mediante acuerdos tácticos y compromisos con luchas concretas que permitan acumular fuerzas, no solo en términos electorales, hacia una salida sí democrática, pero de una democracia radical con eje en las organizaciones sociales y los sectores populares. Esta democracia radical debe ser la guía de esta guerra de posiciones, el enfrentamiento del campo popular contra el bloque dominante, en la cual se logre construir una alternativa de poder superadora. Los acuerdos inmediatos serán los medios para lograr ese acumulado (guerra de movimientos/ maniobra).
Como complemento dialéctico, es necesario resquebrajar la unidad del bloque dominante, determinar y evidenciar sus contradicciones. Ahí entra la capacidad de gestión política que tengamos para desgranar dicho proceso. La convergencia social y política, por ende, pasa por analizar bien al enemigo de clase en el poder para ubicar sus contradicciones internas y estimularlas mediante la acción política, como ocurrió en la consulta popular, pese a que no supimos aprovecharlo completamente. El objetivo es provocar y aventajarnos de las fisuras que podemos estimular entre los sectores de la burguesía oligárquica monopólica entre sí, y también con los sectores de la burguesía no dominante. Para esto se requiere que ese “aprovechamiento” se traduzca en acuerdos tácticos y golpes de fuerza que generemos mediante la lucha en sus diversos campos y áreas, como la movilización social la lucha institucional, gremial, de clases.
Por otra parte, en el campo popular, la convergencia tiene el objetivo inmediato de consolidar una unidad primaria que trabaje para evitar la dispersión generada por la acción del gobierno. Es decir, recuperar las organizaciones sociales donde se pueda y reconstruir el movimiento social que perdió agenda desde hace varios años. Esto no debe ignorar que en el campo popular también habrá sectores con los que solo podamos articular acuerdos y unidades inmediatas, porque su postura no es contraria y antagónica al bloque dominante, es decir, no son revolucionarios, sino que su contradicción, muchas veces, es solo con un sector de la oligarquía, ni siquiera con toda.
Estas son las condiciones que plantea el momento político. Debemos pensar desde la estrategia para no dejarnos consumir por la táctica que la coyuntura en apariencia exige. Que la desesperación y el derrotismo que abundan en muchos sectores de la izquierda no nublen nuestra capacidad de ver más allá de lo evidente, de lo inmediato. Solo con una vanguardia organizada y clarificada podremos definir el camino superador, que estamos seguros no pasa por el progresismo como alternativa.





