El movimiento de mujeres en Ecuador atraviesa un punto de inflexión y reflujo, similar al del movimiento social y popular. Caracterizado por su amplitud de demandas, se encuentra disputado entre diversas posturas ideológicas, desde enfoques (neo)liberales hasta intersecciones con movimientos populares y clasistas.
La articulación de agendas en torno a las opresiones patriarcal-capitalista y de género-clase ha generado puntos de acción común, aunque a menudo solo tácticos y coyunturales. Al mismo tiempo, persisten disensos fundamentales en formas organizativas, horizontes políticos y conceptualizaciones, lo que evidencia una falta de perspectiva estratégica revolucionaria.
Es crucial distinguir entre el movimiento de mujeres (compuesto por mujeres organizadas en torno a reivindicaciones) y el feminismo como corriente ideológica heterogénea. Este último no siempre ha hegemonizado el movimiento, y sus diversas agendas no representan necesariamente posturas de clase. Por ende, se plantea la necesidad de inscribirse en una línea específica de feminismo de clase, que retome los aportes feministas desde un análisis marxista.
Bajo este paradigma, las reivindicaciones urgentes se inscriben en la necesidad de trascender lo inmediato para proponer lo estratégico. El movimiento de mujeres en Ecuador debe, como condición de partida, romper con los elementos políticos del feminismo liberal y sus representantes, que articula agendas reivindicativas superficiales, reaccionarias, delimitadas a un “tipo” de mujer en específico y vinculadas al gran capital. Lo inmediato no es desglosar y separar en varias luchas nucleares al movimiento de mujeres, pues el aborto libre, seguro y gratuito, el acceso a la justicia con enfoque de género o el reconocimiento del trabajo no remunerado son nodos articuladores de varios niveles de lucha, que entretejen demandas y agendas de espacios campesinos, estudiantiles, laborales y más.
La crisis social, producida por un modelo de acumulación sostenido en una clase dominante anclada a los capitales monopolistas-dependientes y bajo un gobierno de corte neoliberal, nos ha orillado a que la sostenibilidad de la vida en lo más inmediato, es decir, su sustento con base en el acceso y ejercicio a derechos básicos (salud, educación, trabajo, vivienda digna, alimentación, vida libre de violencia, etc.), evidencia que lo urgente pasa por garantizar una agenda programática que desarrolle democrática y soberanamente lo ya contenido en la misma Constitución de 2008, la cual es en sí ya el marco político que no solo al movimiento de mujeres convoca, sino a los sectores democráticos y revolucionarios.
Mientras los medios de comunicación gobernistas (pautados) construyen una narrativa irreal de progreso y bienestar, los mismos indicadores técnicos del Gobierno y otros de ONGs advierten una degradación de la calidad de vida, sobre todo de los sectores populares. La realidad del pueblo de a pie es cada día más precaria. Lo inmediato, entonces, es parar la administración de la miseria por parte de quienes se benefician del desfalco de lo público, del conflicto artificial creado para gestionar el narco y de la entrega del país a las transnacionales.





